Quince minutos de plática telefónica bastaron a la presidenta Sheinbaum para mitigar la nueva acometida de Trump, envanecido tras la detención de Maduro. Trump y los suyos llevaban una semana con la insolente repetición de que vendrían por los criminales, si México no hacía lo suficiente. Ayer hablaron y, según Sheinbaum, quedó descartada la hipotética, espectral intervención en nuestro territorio. Dice que Trump le volvió a ofrecer apoyo para acabar con los “bad hombres”, y que ella lo rechazó porque, “hasta ahora, no es necesario, vamos bien y seguiremos colaborando en el marco de nuestra soberanía”. Trump asintió y le preguntó qué opinaba sobre Venezuela. Sheinbaum le explicó que tenemos una Constitución “que establece claramente el rechazo a las intervenciones militares”. Trump respondió que entendía. “Todo en un tono muy amable”, según Sheinbaum. Trump nada le reclamó sobre Cuba. Sheinbaum le dijo que están pendientes los temas de comercio y el trato a los mexicanos en Estados Unidos. Trump contestó: ok. “Y quedamos de seguir hablando y platicando”, remató Sheinbaum la faena con gracia. Washington no desmintió ni matizó ese contenido. La Presidenta, pues, salió airosa, una vez más en estos ya casi 365 días. Los hechos hablan por sí mismos. En el uno a uno por teléfono, siempre gana Sheinbaum.
Columna invitada