LA POLÍTICA DEL gobierno de Donald Trump, para administrar la producción de petróleo de Venezuela, podría convertirse en la puntilla para Pemex y el gobierno del segundo piso de la 4T.
Primero, porque Estados Unidos ya anunció que dispondrá del crudo almacenado o ya cargado en buques que están varados en el país que gobierna Delcy Rodríguez, como resultado del bloqueo anunciado hace algunas semanas y que sumaría entre 30 y 50 millones de barriles.
Es una cantidad que representa entre 85 y 140 días de exportaciones de la petrolera que dirige Víctor Rodríguez Padilla a la Unión Americana.
Así que es altamente probable que la paraestatal resienta una severa disminución en sus ventas de crudo a nuestro principal socio comercial, tan pronto como en este 2026 que recién inició.
En segundo lugar, porque se estima que la prospectiva de un relanzamiento de la industria petrolera venezolana podría incrementar la producción en ese país hacia 2028.
Pasaría de alrededor de 900 mil barriles diarios, hoy en día, a los tres millones de barriles por día, resultado que afectará de manera permanente la prospectiva de exportación de México, sobre todo, porque no se prevén incrementos sustantivos en el volumen de consumo mundial.
Chevron, que preside Michael Wirth, nunca salió de Venezuela, pese al bloqueo y las expropiaciones de Hugo Chávez; Conoco-Phillips, que comanda Ryan Lance, y Continental Resources, que capitanea Doug Lawler, ya se aprestan a ingresar. Exxon-Mobil, de Darren Woods, dice que no hay condiciones para invertir.
Es cierto que México ya exporta poco, pero que Pemex pierda clientes en el mercado externo necesariamente afectará a sus endebles finanzas y, con ello, se complicaría lograr la meta de producción nacional de 1.8 millones de barriles diarios fijada para el período 2027-2030.
Además, el incremento en la producción en Venezuela podría impactar a la baja los precios del petróleo y abaratar el valor de la gasolina producida en Estados Unidos, pues el crudo venezolano es más barato en su extracción.
Se estima que obtener un barril de petróleo en México cuesta, aproximadamente, entre 35 y 40 dólares, contra apenas nueve dólares del de Venezuela.
Ese alto costo se explica porque nuestro petróleo se encuentra en aguas profundas del Golfo de México, una región compleja para la operación extractiva de Pemex y también para las demás petroleras internacionales.
Así que es altamente probable que el rescate de Pemex, emprendido desde el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, y retomado con más fuerza por la administración de Claudia Sheinbaum se complique, o de plano se frustre.
Sería suicida para las finanzas públicas del país que las secretarías de Energía de Luz Elena González y de Hacienda de Édgar Amador, tengan que agregar todavía varios miles de millones de dólares de apoyo a la compañía del gobierno, en un contexto económico muy presionado.
Con este escenario, la administración Sheinbaum tiene que replantearse con mucha seriedad y responsabilidad darle, incluso, los apoyos a Pemex que se aprobaron en el paquete económico, pues parece que quedará muy dañado por el affair venezolano.
A PARTIR DEL viernes, y todo el fin de semana, se desató en redes sociales una suerte de psicosis colectiva provocada por rumores que ubicaron en el epicentro del imaginario una supuesta intervención militar estadounidense en territorio mexicano. Las especulaciones se dieron a raíz de los dichos del presidente Donald Trump, de que podría atacar a los cárteles de la droga incluso por tierra. “Tenemos que hacer algo”, le dijo a la cadena Fox News, tras recordar que su apoyo ha sido rechazado por la presidenta Claudia Sheinbaum. “Hemos interceptado 97% de las drogas que ingresan por vía marítima, y ahora vamos a empezar a actuar en tierra contra los cárteles”, advirtió el inquilino de la Casa Blanca. Sus palabras resonaron fuerte en Palacio Nacional, a tal grado que la doctora también salió a reiterar su postura: no está en negociación la independencia y la soberanía. “Lo he dicho: nos coordinamos, colaboramos, pero nunca nos subordinamos”. En ese contexto, Sheinbaum instruyó al canciller Juan Ramón de la Fuente a que busque una reunión con el secretario de Estado, Marco Rubio, a fin de reforzar la comunicación y esa coordinación.
EN EL TABLERO político, precisamente, de Marco Rubio no figura una intervención en México. El secretario de Estado de Donald Trump estuvo detrás del derrocamiento de Nicolás Maduro, y ahora su objetivo es Cuba y el desmantelamiento del régimen de Miguel Díaz Canel. Rubio, hijo de cubanos que huyeron de la isla por la dictadura de Fidel Castro, buscará repetir la fórmula que ideó y coordinó para Venezuela en el arranque de este 2026. Tiene de aquí a noviembre para asestar el golpe en La Habana que instaure la democracia y que ponga fin al bloqueo económico que sufre ese país. ¿Por qué noviembre es el deadline? Porque serán las elecciones intermedias que marcarán el cierre del mandato de Trump y su legado, y como parte de ese legado, surge Rubio como un fuerte candidato para sucederlo a partir de 2029. El político originario de Miami fracasó en la resolución de los conflictos de Ucrania y Rusia y de Gaza e Israel, los cuales fueron retomados por Jared Kushner, el yerno de Trump. Ese fracaso lo redireccionó a América Latina, donde el trumpismo busca difuminar la izquierda comunista y la primera aduana fue Venezuela. Siguen en la misma ruta Colombia, Cuba y México, aunque en nuestro caso, con un cariz muy distinto. Hace bien la presidenta Claudia Sheinbaum en aprovechar la buena disposición de Rubio hacia México.
JUAN RAMÓN DE la Fuente y Omar García Harfuch son apreciados por el multicitado Marco Rubio. La comunicación entre el secretario de Relaciones Exteriores de México y el secretario de Estado de Estados Unidos es fluida y permanente, pese a un supuesto aislamiento de nuestro canciller. También el equipo de Rubio ve muy bien y con mucha confianza el trabajo del secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, no así a la fuerza castrense, por el mal sabor de boca que dejaron los secretarios de la Defensa, el general Luis Cresencio Sandoval, y de la Marina, el almirante José Rafael Ojeda Durán, en la estrategia de Andrés Manuel López Obrador de cero colaboración con Estados Unidos para combatir el tráfico de fentanilo y el huachicol fiscal.
A PROPÓSITO DE Omar García Harfuch. No existe ningún conflicto ni diferencia entre el secretario de Seguridad y la secretaría de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez. Ambos se respetan y hablan bien el uno del otro, tanto en público como en privado. El video que se viralizó el fin de semana que especula sobre un supuesto desaire de la funcionaria a su par federal, busca sembrar dudas sobre la buena coordinación del gabinete de seguridad que desde EU reconoce el Departamento de Estado de Marco Rubio.