Columna invitada

Morena: el divorcio empezó

Columnas

Más allá del resultado oficial, anoche en Oaxaca soplaron vientos que poco tuvieron que ver con la tormenta invernal en Estados Unidos. Sin embargo, dejaron igual de congelados a muchos dentro de la llamada cuarta transformación.

Porque lo ocurrido no fue una simple consulta de revocación de mandato. Fue una demostración de fuerza interna. Y, sobre todo, una advertencia.

Lo más relevante no es que Salomón Jara haya “superado” el ejercicio. Lo importante es de dónde vino el castigo: del Partido del Trabajo, uno de los aliados formales de Morena. En la capital del estado, el rechazo al gobernador fue contundente. Dos a uno. Nada simbólico. Nada marginal.



La revocación se vendió como trámite. Un ejercicio para presumir músculo popular, cercanía con el presidente y respaldo ciudadano. El primer gobernador de la 4T —se dijo— en someterse voluntariamente al escrutinio. El problema es que el escrutinio habló… y no dijo lo que los gobernantes de Morena esperaban.

Primero, porque la participación fue mayor a la prevista. Segundo, porque aunque no se alcanzó el 40% del padrón para que el resultado fuera vinculante, la movilización fue real y significativa, en especial la impulsada por el PT. Y tercero, porque quedó claro que la propaganda, las giras y la foto con López Obrador ya no alcanzan para tapar la falta de resultados. El expresidente se DEVALUÓ (momento, Claudia, que te deshagas de él).

El mensaje fue todavía más burdo —y más político— cuando dirigentes y militantes del PT en Oaxaca comenzaron a compartir en redes sociales fotografías de sus boletas marcadas con la leyenda: “que se revoque el mandato por pérdida de confianza”. No fue un error, fue un gesto calculado.



Sí, hoy se dirá que Jara “ganó”. Formalmente. Pero ganó con susto. Y con llamada de atención. Probablemente agradezca que su fanfarronada previa —aquella de que la revocación debía aplicarse sin importar la participación— no sea la ley vigente, y que siga existiendo el umbral del 40 por ciento. De lo contrario, hoy estaría empacando.

Pero Oaxaca no es el fondo del asunto. Es el síntoma.

El PT mostró músculo y dejó claro que no piensa seguir jugando el papel de aliado sumiso. Menos ahora que se discute una reforma electoral que podría costarle plurinominales… y presupuesto. Y cuando el dinero está en juego, la lealtad ideológica suele evaporarse.



También quedó exhibida otra verdad incómoda: la oposición tradicional está pulverizada. No apareció, no reaccionó, no capitalizó nada. La oposición real a la 4T hoy vive dentro de la propia 4T. La sorpresita a Salomón Jara no la organizó el PAN ni el PRI. La organizó el PT.

Y aquí entra el elefante en la sala: la estructura de Morena. Esa que, en teoría, debería estar siendo aceitada y fortalecida por Andrés Manuel López Beltrán. Ayer quedó demostrado que no pudo contener ni neutralizar a un aliado menor. El trabajo territorial volvió a ser inexistente. Tal vez hagan falta más viajes… o menos simulación.

Como suele ocurrir en los pleitos matrimoniales, el PT denunció lo que en otros momentos callaría: acarreos, compra de votos, amenazas, relleno de urnas y hasta ofrecimientos de dinero para que representantes se ausentaran mientras las urnas eran “embarazadas”. Así, la crítica más feroz al sistema salió desde su interior.



Oaxaca no es cualquier estado. Es uno de los bastiones morenistas, el que tiene más municipios del país y una representación clave en el Congreso. Lo ocurrido ahí no es anécdota: es laboratorio.

Porque los matrimonios políticos tampoco duran para siempre. Y cuando empiezan los reproches públicos, los pases de factura y las traiciones abiertas, lo que sigue suele ser el divorcio. Morena puede ceder más a sus aliados o intentar imponer disciplina. Ambas rutas implican desgaste.

Y aquí viene el trascendido que en Palacio nadie quiere escuchar: si esta implosión continúa, Morena podría no llegar entero a 2030. En ese escenario, Claudia Sheinbaum no sería solo la heredera del poder, sino la administradora de un partido fracturado, rehén de sus aliados y sin control real del aparato territorial. Tal vez, incluso, la encargada de firmar el acta de defunción de Regeneración Nacional.



Porque cuando se acaba el dinero, se acaba el amor. Y el PT y el Verde siempre cobran caro.

La pregunta ya no es si habrá pleito.

La pregunta es si alguien en Morena sigue creyendo que este matrimonio tiene futuro.

Verónica Malo Guzmán

Verónica Malo Guzmán es politóloga, consultora política y columnista de opinión. Miembro de International Women’s Forum, destaca por su análisis crítico y su experiencia en temas de política y sociedad.

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