Columna invitada

La presidencia sin relato

Columnas

A casi dos años de iniciado su gobierno, la pregunta sigue intacta y sin respuesta: ¿quién es la presidenta Claudia Sheinbaum? No en el sentido biográfico —eso está documentado—, ni en el temperamental —sabemos que es sobria, metódica, poco dada al arrebato—, sino en el sentido verdaderamente político: ¿qué define su gobierno?, ¿cuál es su sello?, ¿qué lo distingue sustantivamente del anterior?.

Un gobierno que no puede caracterizarse es un gobierno que no logra existir plenamente. Y aquí está el problema central: la presidencia de Claudia Sheinbaum no es inexistente, pero sí es borrosa. Tiene acciones, tiene funcionarios, tiene cifras, tiene inercias. Lo que no tiene es identidad.

Ser la primera mujer presidenta de México es un hecho histórico indiscutible. También es, por sí solo, insuficiente. La historia no recuerda cargos, recuerda decisiones; no conmemora biografías, conmemora visiones. Y hasta ahora, el gobierno de Sheinbaum no ha logrado transmitir una visión reconocible de país.



No se trata —y conviene subrayarlo— de exigirle una ruptura con Andrés Manuel López Obrador. Eso no va a ocurrir. Ni es el punto. El problema es más serio: aun dentro de la continuidad, Sheinbaum no ha conseguido construir un relato propio que ordene, explique y proyecte su ejercicio del poder.

Hoy, si se pregunta qué es lo sustantivo de su aportación presidencial, la respuesta suele ser un inventario: continuidad en programas sociales, disciplina técnica, bajo perfil internacional, administración sin estridencias. Todo eso puede ser cierto. Pero nada de eso constituye un proyecto político narrado, inteligible, recordable.

La comunicación presidencial es quizá el síntoma más visible de este vacío. Las mañaneras sobreviven, sí, pero ya no significan. Carecen de tensión, de propósito, de dirección. Son rituales heredados que subsisten por inercia, no por necesidad política. Un formato sin alma termina convertido en trámite.



Peor aún son las “otras mañaneras”: funcionarios de medio pelo hablando de baches, decomisos, operativos menores, estadísticas sin contexto. Basura comunicacional. Cero atractivo político. Información sin relato es ruido; gestión sin narrativa es irrelevancia.

Un gobierno serio no comunica todo lo que hace; comunica lo que quiere que sea entendido como central. Y aquí está el error estratégico: la presidencia de Sheinbaum parece confundir eficiencia administrativa con liderazgo político. Gobernar no es solo administrar bien; es darle sentido a lo administrado.

La pregunta clave sigue sin respuesta: ¿por qué este gobierno importa?; ¿Qué lo vuelve distinto? ¿Qué problema histórico pretende corregir? ¿Qué futuro imagina? Nadie puede responderlo con claridad. Y si nadie puede hacerlo, es porque el gobierno no ha sabido —o no ha querido— decirlo.



No es que Claudia Sheinbaum carezca de carácter. Es que, si lo tiene, lo mantiene inutilizado. Es un carácter que no se proyecta, no se articula, no se capitaliza social ni políticamente. La presidenta parece administrar su personalidad como si fuera un riesgo, no un activo.

Toda presidencia que renuncia a definirse termina definida por otros: por la herencia, por la comparación, por la expectativa frustrada. Así, Sheinbaum no gobierna desde una identidad construida, sino desde un vacío que otros llenan con nostalgia, decepción o simple desinterés.

Las presidencias que perduran en la memoria colectiva lo hacen porque ofrecieron una idea-fuerzaColosio —y que conste, es solo un ejemplo, no un modelo a seguir— entendió que gobernar implicaba nombrar un país: “veo un México con hambre y sed de justicia”. Esa frase aún resuena porque contenía una visión.



Hoy, en cambio, no hay una frase, un concepto, una imagen que sintetice el gobierno de Claudia Sheinbaum. Y sin síntesis no hay rumbo. Una presidenta carente de identidad equivale a una presidencia vacía.

Y una presidencia vacía, en el fondo, equivale a un país sin dirección clara. Reinventarse no es romper con el pasado; es atreverse a nombrar el futuro. Mientras Claudia Sheinbaum no responda —con palabras, decisiones y relato— quién es como presidenta, su gobierno seguirá siendo exactamente eso: un poder en funciones, pero sin sentido.

Verónica Malo Guzmán

Verónica Malo Guzmán es politóloga, consultora política y columnista de opinión. Miembro de International Women’s Forum, destaca por su análisis crítico y su experiencia en temas de política y sociedad.

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