Columna invitada

La mea culpa de los multimillonarios

Columnas

Oxfam, la confederación de organizaciones en el mundo que lucha contra la desigualdad y la pobreza, volvió a sacudir las conciencias con un nuevo reporte dado a conocer esta semana. En el último año, la riqueza de los multimillonarios subió 16% con respecto a 2024 y creció tres veces más rápido que el promedio de los últimos cinco años, como nunca lo había hecho en su historia. Su riqueza ha crecido 81% desde 2020, mientras que en el mundo que cohabitan, con más de ocho mil millones de personas, una de cada cuatro no tiene qué comer y casi la mitad vive en la pobreza. La desigualdad es insultante y alarmante.

El reporte “Resistiendo el gobierno de los ricos; defendiendo la libertad” menciona el choque entre la crítica a la forma en que viven los ricos y la réplica de que los motiva la envidia. “Sin embargo”, subraya, “mucha menos gente estaría en desacuerdo en que cuando un multimillonario usa su riqueza para comprar a un político, influir en un gobierno, ser dueño de un periódico o una plataforma de redes sociales, o proscribir a la oposición para asegurarse de estar por encima de la ley, estas acciones socavan el progreso y la justicia”.

Este poder, resaltó Oxfam, otorga a los multimillonarios el control sobre nuestro futuro, socavando la libertad política y los derechos del resto de nosotros. Las nuevas cifras de la organización sobre las disparidades son monumentales. Las transferencias de la riqueza pública a la privada en 50 años -carreteras, vivienda, hospitales y escuelas, por ejemplo-, ocasionaron que 1% de los más ricos tengan 300% más dinero que el resto del mundo, y que, si la brecha creció de 36 billones de dólares en 1975 a casi 435 billones en 2024, en 50 años habrá aumentado a casi 900 billones, que para ver gráficamente lo que significan, basta con ponerlo en cifras: 900,000,000,000,000.



El reporte de Oxfam fue dado a conocer durante el Foro Económico Mundial en Davos y, en su agonía al finalizar esta semana, dio a conocer una encuesta con tres mil 900 multimillonarios en los países del G20, que son las 20 economías más fuertes del mundo, entre las cuales se encuentra México, donde los 14 más ricos concentran 8% de la riqueza nacional. La encuesta fue encargada a la empresa Survation por Patriotic Millionaires, fundada por un grupo de estadounidenses ricos que luchan por un sistema fiscal justo, salarios que permitan el bienestar a la clase trabajadora de su país y por un acceso al poder político mediante condiciones de competencia equitativas.

Los resultados son sorprendentes en sus percepciones sobre cómo pesan e influyen los multimillonarios en los políticos y, por ende, en las políticas públicas, las decisiones y el futuro de miles de millones de personas. El 71% de ese grupo piensa que con su riqueza puede influenciar los resultados de las elecciones, pensando probablemente, por la batería de preguntas que se les formularon sobre Donald Trump, en este empresario que se abrió camino a la Casa Blanca en dos ocasiones.

El 81% de los encuestados estimó que quienes más tienen más posibilidades tenían de acceder a políticos por la vía del dinero, mientras que 77% cree que, junto con ello, podían “comprar” influencia política. Aunque no lo señala la encuesta –porque no fue una pregunta que se formulara–, la suma de los dos resultados sugiere que la forma en que se logra es mediante sobornos y prebendas. Esto sucede, y varios presidentes y primeros ministros han caído por corrupción, como los latinoamericanos Luiz Inácio Lula da Silva, Cristina Fernández y Alberto Fujimori, o los franceses Jacques Chirac, Nicolas Sarkozy, el austriaco Sebastian Kurz y el portugués António Costa. En Asia también hay casos, aunque Corea del Sur, con tres líderes depuestos por corruptos, encabeza la lista global con el mayor número de gobernantes tocados por el dinero.

Los resultados de la encuesta parecen apuntar hacia una especie de remordimiento. Por ejemplo, en una escala de más de 60%, los multimillonarios encuestados consideraron que la extrema riqueza es dañina para la democracia y afecta negativamente la vida de miles de millones en el mundo, y 69% sostiene que su influencia sobre los políticos prevé que tomen acciones para abatir la desigualdad, lo que sugiere cómo frenan acciones regulatorias, laborales y fiscales.



El 62%, o seis de cada 10 encuestados, consideró que la riqueza extrema, por el mal uso que se le ha dado, es perjudicial para la democracia, para los medios de registro y para la confianza social. Al mismo tiempo, 60% admite que le impide a la gente tener una vida “decente”, y 71% piensa que le da ventajas a sus hijos por encima del resto, lo que es un determinante de vida, porque esto significa salud, alimentación, educación y ruedas para que incursionen en el mercado laboral sin mayor problema y con los privilegios de esa clase de élite.

Ocho de cada 10 estuvieron de acuerdo en limitar cuánto dinero podrían recibir los políticos y los partidos políticos de parte de individuales, aunque la pregunta se enmarcaba en la disposiciones legales en cada país y no en el dinero sucio para los políticos. Al mismo tiempo, seis de cada 10 creen que los políticos tendrían que hacer mucho más por encontrar formas de reducir la desigualdad, como subir impuestos a los más ricos (65%) para que con esos recursos hubiera inversiones públicas que redujeran el costo de la vida. Sólo 17% se opone a esta idea.

Sin embargo, esta mea culpa, por sí sola, no produce los cambios que aceptarían llevar a cabo. Amitabh Behar, un indio experto en derechos humanos, desigualdad, democracia y rendición de cuentas gubernamental, actual director ejecutivo de Oxfam, describió el reporte como “una dura acusación” de lo absurda que es la actual brecha entre los oligarcas y el resto de los humanos. “Los gobiernos deben implementar impuestos a los superricos ya y priorizar la reducción de la desigualdad”, agregó. “El mundo no puede continuar en esta trayectoria obscena”.



Para esto se necesita algo muy simple, pero que representa, para muchos líderes, una enorme muralla que escalar: voluntad política para cambiar este destino que hoy se antoja manifiesto.

Raymundo Riva Palacio

Raymundo Riva Palacio es periodista, analista y conferencista especializado en política y economía mexicana. Autor de la columna Estrictamente Personal, es comentarista en radio y televisión, ha sido profesor en la Universidad Iberoamericana y dirige EjeCentral.com.

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