La historia de los conflictos armados consistía, anteriormente, en la invasión de tropas enemigas en los territorios en disputa. El pasado 3 de enero, cambiaron las estrategias militares: Maduro, otro déspota trillonario, fue secuestrado por una brigada norteamericana integrada, tal vez, por 100 policías de sólido perfil profesional que condujeron al despreciable bandido a una cárcel en Nueva York, sin que China ni Rusia ni Irán levantaran la voz…
Sheinbaum alega violación a la soberanía, una transgresión al derecho internacional, un argumento que adquiriría un sólido respaldo político si en México se respetara la ley y existiera un Estado de derecho, sólo que ya no existe la división de poderes, desaparecieron los organismos autónomos y con ellos, las instituciones republicanas que conquistaron nuestros ancestros con sangre y fuego. Es evidente que volvimos “al país un solo hombre” como acontecía en el siglo XIX, ya que al permitir que se destruyera nuestra democracia, los mexicanos nos perdimos el respeto entre nosotros mismos, pero eso sí, exigimos deferencias y consideraciones en el exterior que ignoramos en el orden doméstico. Conclusión: ¿con qué cara vamos a exigir que nos respeten en el concierto de las naciones si entre nosotros mismos no nos respetamos?
El presidente Trump no necesita invadir México para que el gobierno morenista haga “su mejor esfuerzo” para acabar con los cultivos y con los laboratorios, en el entendido de que dicha estrategia tampoco resolvería el problema, ya que los cárteles se reorganizarían rápidamente al tener garantizado un poderoso mercado de consumo en Estados Unidos.
¿Quién podría imaginarse las colas kilométricas en las gasolineras? ¿Cómo pensar en un país sin transporte público y sin posibilidades de mover los alimentos y las medicinas de los centros de producción a los de consumo? Las redes sociales estallarían y condenarían a la 4T, lo cual comprometería el resultado de las elecciones en el 2027. Nadie creería, como nadie cree, en la actualidad, cualquier explicación proveniente de los políticos de Morena. El escándalo sería mayúsculo.
En el campo, los tractores no arrancarían, los sistemas de riego se apagarían, los aeropuertos cancelarían los vuelos, los hospitales dejarían de funcionar, los apagones serían interminables, las ciudades se sepultarían en la oscuridad, se cocinaría con leña o carbón; el humo sería asfixiante, los refrigeradores se apagarían, la carne y los medicamentos que requieren frío empezarían a pudrirse; los ascensores permanecerían inmovilizados, los noticieros dejarían de transmitirse. En los mercados, la gente pelearía por las sobras, empezarían los disturbios por hambre, la inflación se dispararía, se desquiciaría la economía, los saqueos resultarían incontenibles, el hambre causaría más caos. Las plantas de agua potable se quedarían sin energía. Las cloacas se desbordarían. Las ambulancias serían chatarra inmóvil. Las fábricas detendrían su producción, los bancos cerrarían, las computadoras se convertirían en vejestorios inútiles.
Presidente Trump, si desea imponer sus condiciones de beneficio recíproco para ambos países, cierre las llaves por “un ratito” con un señaladísimo efecto colateral: el final de la 4T. ¿Cuál soberanía…? ¿Cuál…? Sería una guerra de una hora…