La detención de César Sepulveda Arellano, El Botox, líder del grupo Los Blancos de Troya, la principal organización criminal dedicada a la extorsión de limoneros de Buenavista y Apatzingán, ocurrió a solo unos días de que se reportaran sobre Michoacán sobrevuelos de aviones estadounidenses encargados de recopilar información y rastrear comunicaciones.
El gabinete de seguridad y la presidenta Claudia Sheinbaum negaron que se estuvieran dando sobrevuelos de naves extranjeras en territorio nacional. El secretario de la Defensa afirmó que se trataba de vuelos realizados por dependencias del Estado mexicano. Fuentes de seguridad confirman, sin embargo, que los sobrevuelos son una realidad: han sido aceptados por el gobierno mexicano y obedecen a las presiones cada vez más intensas de Estados Unidos para que se obtengan resultados tangibles en el combate a los grupos del narcotráfico.
Al menos diez sobrevuelos se han llevado a cabo en las últimas semanas con el objetivo de detectar y dar seguimiento a dispositivos electrónicos empleados por los líderes del narcotráfico.
En los últimos meses del año pasado El Botox fue incluido por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos en la lista de delincuentes sancionados por la Oficina de Control de Activos Extranjeros, OFAC, al lado de otros narcotraficantes como Juan José Farías Álvarez, El Abuelo; Nicolás Sierra Santana, El Gordo Viagra y Heladio Cisneros Flores, La Sirena, entre otros.
Tras el asesinato del líder limonero Bernardo Bravo, ocurrido en octubre del año pasado, y cuya autoría fue atribuida precisamente al Botox, el exembajador y hoy subsecretario de Estado Christopher Landau planteó que Estados Unidos podría ayudar a resolver el problema del crimen organizado si México aceptara una mayor cooperación e incluso la intervención del gobierno estadounidense.
La administración de Donald Trump había ubicado el pago de extorsiones como una fuente indirecta de financiamiento de los grupos criminales para la instalación de laboratorios donde se producen drogas sintéticas, así como para el trasiego de estas. Desde mediados del año pasado, como otra medida de presión, se había pedido al gobierno mexicano un mayor énfasis en el combate a la extorsión, el cobro de piso y las cuotas, y se había amenazado incluso con incluir como colaboradores de los narcoterroristas a ciudadanos y empresas que llevaran a cabo estos pagos: se anunció desde el retiro de visas hasta el congelamiento de activos e incluso órdenes de aprehensión.
Hoy se sabe que al menos desde 2020 El Botox controlaba la recolección de basura, la venta de cerveza, pollo, huevo, cigarros, fierro, aluminio, vidrio y materiales reciclables tanto en Apatzingán como en Buenavista. El cobro de extorsiones a limoneros y aguacateros (dos pesos por cada kilo en una zona que produce hasta 20 toneladas diarias) había sido denunciado en diversas formas por los productores. A través de las carpetas de investigación abiertas en su contra se conocía perfectamente, desde hace años, cuál era su zona de influencia y en qué localidades tenía sus bastiones: Cenobio Moreno y Santa Ana Amatlán.
Como ha trascendido, en 2018 fue detenido en el fraccionamiento Maravillas de Cuernavaca, en una casa de quien fue secretario de gobierno de Cuauhtémoc Blanco: Samuel Sotelo, actual diputado federal por Morena.
En poco tiempo quedó libre, se alió con Nicolás Sierra Santana, líder de los Viagras, compró alcaldes, directores de seguridad pública, policías estatales y municipales, y gozó de impunidad en el trágico sexenio de los abrazos. Pesos y botellas de whisky le compraban protección. La base social que había construido le garantizaba movilizaciones y bloqueos. Su red de halcones reportaba todos los movimientos realizados por las fuerzas federales.
Solía cobrar él mismo las extorsiones: citaba a los productores en la plancha de Apatzingán a las diez de la noche. Dos mujeres, Esmeralda “A” —detenida en Cenobio Moreno con un millón de pesos en octubre de 2025, y Sandra Lizbeth “N”, su pareja sentimental, presentada como “La Contadora”— realizaban a veces los cobros.
Asesinó al líder limonero Bernardo Bravo porque este, a través de un intermediario conocido como El Pilones, le había pedido en Atequiza, Jalisco, a un líder del Cártel Jalisco Nueva Generación que ayudara a los productores a quitárselo de encima. Eso, y la serie de videos dirigidos a Claudia Sheinbaum y Omar García Harfuch para pedirles que dejaran de seguirlo y atendieran la situación de los productores, significaron su ruina.
En el caso de los videos, porque El Botox apareció cubierto con una gruesa borrega. Por ese detalle —ya que él no empleaba teléfonos— se supo que andaba en la zona montañosa de Apatzingán.
Al Pilones lo habían monitoreado desde el asesinato de Bernardo Bravo, porque el hermano de este lo vinculó con el grupo del Botox: solía moverse en Irimbo, Ocampo, San Felipe Alzati, Ciudad Hidalgo, Tuxpan y Zirahuato.
La captura de El Pilones, el pasado 21 de enero, habría revelado comunicaciones telefónicas con Sandra Lizbeth “N”, la supuesta “Contadora”, detenida la madrugada del 23. En el teléfono de Sandra Lizbeth se detectaron llamadas al número de uno de los encargados de la seguridad de El Botox: Esteban Molina, El Pánico. La actividad telefónica de este rebotó en Santa Ana Amatlán, donde El Botox fue detenido en una casa hecha con ladrillos.
Ante un juez de control, Sepúlveda Arellano admitió ser el azote de los limoneros. Hoy está en la fila de la próxima extradición.