Columna Bisturí

Democracia con urna embarazada

Bisturí

El gobernador Salomón Jara se declaró ganador. ¿De qué? De una consulta marcada por el 70% de abstencionismo, denuncias de fraude, urnas infladas, votos desaparecidos, y hasta espectaculares retirados por falta de pago. Y aun así, en su mundo alterno, asegura que la participación fue “histórica”. Tiene razón: pocas veces se había visto una consulta tan grotesca y descarada.

El domingo pasado Oaxaca vivió un ejercicio de Revocación de Mandato que terminó siendo más un autogol político que un espaldarazo popular. El gobernador presumía que este proceso lo consolidaría como protagonista de la Cuarta Transformación; lo cierto es que salió convertido en símbolo de todo lo que la 4T decía combatir.

Quiso caminar por la alfombra roja del lopezobradorismo, pero terminó enlodado en el fango del mapacherismo. ¿Qué sigue? ¿Premiar a los operadores del acarreo con una secretaría?



“Triunfo” con tufo

Con más de 350 mil ciudadanos pidiéndole que se vaya y 28 mil votos nulos, el gobernador salió a decir que la diferencia a su favor fue de “19%”. Una victoria que, si no fuera tan penosa, provocaría risa. Pero el humor se agota cuando hay testimonios de amenazas a representantes de casilla, compra de votos, coacción a empleados estatales y carpetas de investigación por delitos electorales.

Y como si no fuera suficiente, en redes sociales quedó al descubierto el impago de la propaganda oficial. Hasta los espectaculares lo dejaron solo.

Cosecha de enemigos

El escándalo electoral dejó algo claro: el gobernador ya no es el candidato natural para lo que sea. Ni siquiera es un interlocutor válido dentro de la 4T. El Partido del Trabajo lo desconoce. Movimiento Ciudadano lo acusa de simulador. En la oposición ven en su caída una oportunidad. Y en Palacio Nacional, seguramente, ya evalúan si conviene seguir cargando con ese lastre.



Salomón Jara ya no tiene bono democrático. Apenas arrastra un gobierno cuestionado, fracturado y con severos problemas de legitimidad. En política, eso se llama caducidad anticipada.

“Gobernador pirata”

Así lo bautizó Benjamín Robles, del PT. Y el mote caló. Porque no sólo lo acusan de fraude, sino de gobernar como si Oaxaca fuera una franquicia personal: con operadores, con cuotas, con lealtades compradas a billetazos. Y claro, con muchos enemigos acumulando pruebas, rabia y ganas de revancha.

El PT ya lo calificó de “narcogobernador”. No es poca cosa. Aunque sea parte de la exageración del discurso, el simple hecho de que el adjetivo se use en público ya refleja el tamaño de la ruptura.



Y la pregunta obligada: ¿cuánto falta para que Morena también se deslinde?

Golpe en las ciudades

El gobernador perdió en las principales ciudades. El voto urbano lo rechazó. Sólo ganó —y de forma dudosa— en zonas rurales donde el clientelismo electoral es ley y hasta se rebasó la lista nominal. Sí, leyeron bien: más votos que votantes.

Eso, en cualquier democracia funcional, sería motivo suficiente para anular una elección. Pero en Oaxaca, la impunidad es la garantía de gobernabilidad. O eso cree el gobernador… por ahora.

José Luis Parra

José Luis Parra es un periodista con más de 40 años de experiencia en medios locales y en Notimex. Fundador de SonoraPresente y autor de la columna Bisturí.

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