La capacidad del gobierno federal para enredarse en su propia narrativa, incluso en los casos exitosos, es increíble. La detención de Ryan Wedding, el narcotraficante de origen canadiense que era una pieza clave en el engranaje de Los Chapitos para hacer llegar droga a Estados Unidos y Canadá, es una buena demostración de ello.
De acuerdo con el gobierno federal, Wedding, como publicamos aquí el lunes, se entregó en la embajada de Estados Unidos en la Ciudad de México en la noche de jueves para viernes e inmediatamente después fue trasladado a Estados Unidos, la versión fue apoyada por el embajador Ronald Johnson. Pero el director del FBI, Kash Patel, que estaba en México al momento de la detención, declaró que Wedding había caído en un operativo de una fuerza especial del FBI, la de rescate a rehenes, que participó también en la detención de Nicolás Maduro, operación en la que participaron, dijo, fuerzas de seguridad y militares mexicanas. Pam Bondi, la fiscal de la Unión Americana, dijo que ella controló ese operativo por órdenes del presidente Donald Trump.
En su comparecencia del lunes en una Corte de California, el abogado defensor de Wedding sostuvo que no hubo entrega alguna, que su cliente fue detenido en México y trasladado a la Unión Americana ese mismo día. Para terminarla de componer, un prestigiado medio de Canadá, la cadena CBC News, sostuvo que la foto que se mostró sobre la supuesta entrega de Wedding, donde se le ve frente a la embajada de Estados Unidos en México, es producto de inteligencia artificial, lo que fue desmentido por la presidenta Claudia Sheinbaum, que insistió en la entrega.
Pero los ejercicios de verificación de la foto realizados por distintos especialistas en México detectaron discrepancias importantes en la arquitectura del edificio y en elementos visuales del entorno (entre ellos que la estructura no termina en un edificio de cristal y tiene paredes blancas; además, el poste de la cámara está al interior de la embajada), lo que refuerza la hipótesis de que la imagen presentada tiene un origen artificial.
Cómo puede convertirse un éxito indiscutible como la detención de Wedding, en una controversia de este nivel, en un elemento que le reste credibilidad al Gabinete de Seguridad y a la propia Presidenta, es difícil de comprender.
Una de las razones es que en la pésima estrategia de comunicación que sigue el gobierno federal la única que habla es la Presidenta y en ocasiones especiales el Gabinete de Seguridad. La presidenta Sheinbaum tiene que hablar y aclarar todo en unas mañaneras cada día más desnaturalizadas: desde la compra de las camionetas del Poder Judicial hasta los asesinatos en Salamanca, desde defender los viaje de Gerardo Fernández Noroña hasta a los hijos del expresidente Andrés Manuel López Obrador, desde explicar si una foto es generada por IA o si es auténtica, hasta las negociaciones del SAT o pedir al gobierno de Corea más conciertos de un grupo de K-pop. Y casi siempre defendiendo a personajes y circunstancias que terminan siendo indefendibles.
UN MES Y 14 MUERTOS DESPUÉS
Se cumple hoy un mes del descarrilamiento del Tren Interoceánico sin que haya una respuesta a un accidente que dejó 14 muertos y decenas de heridos. Ayer, la FGR concluyó, como era previsible, que todo se debió a un error humano: culpa del maquinista por ir a exceso de velocidad. No es verosímil y resulta lamentable que la investigación se quede en ello, porque el tema va mucho más allá y está cubierto por un silencio ominoso.
Hay denuncias de la Auditoria Superior de la Federación que datan de muchos meses atrás que ya hablaban de problemas en la construcción del tren. Hay denuncias sobre que los trenes no eran los adecuados: son trenes viejos, remozados, que fueron comprados para una obra en Puebla, durante el gobierno de Rafael Moreno Valle, una obra urbana que nunca se realizó, ahí quedaron y fueron recuperados para un tren completamente diferente, que exige una configuración, un esfuerzo y potencia mucho mayores.
Los rieles tampoco se renovaron en muchos tramos, lo mismo que el trazo, que no fue el que se había determinado en un principio. En realidad, la obra poco y nada tiene que ver con la que se había pensado desde muchos años atrás, con dos vías, una carretera, complejos industriales a su vera. Simplemente se modernizó un trazo existente a un costo, hasta ahora, calculado en la friolera de 62 mil millones de pesos.
Costó tanto por la corrupción: las denuncias por corrupción en la compra de balastro y otros insumos que involucran, entre muchos otros, al empresario Amílcar Olán y a los hijos del presidente López Obrador, además de un primo, Pedro Salazar, están sustentadas en grabaciones de audio que jamás han sido investigadas por la FGR. El supervisor de la obra fue Gonzalo López Beltrán, el hijo del expresidente, según anunció públicamente López Obrador, y no ha sido siquiera llamado a prestar declaración.
Las anomalías y denuncias se suman, el tren no funciona, el subsidio destinado sólo para la operación del tren este año es de casi cuatro mil millones de pesos. Los miles de millones gastados no se justifican de ninguna forma. La muerte de 14 personas todavía no tiene explicación y la tragedia es el símbolo de la ineficiencia y la corrupción. Pero todo es culpa de un maquinista irresponsable.
¿Seguirá siendo la Presidenta la única que asuma costos sin ningún fusible que se haga responsable de algo? Hablar, en todos sentidos, con la verdad, nunca había sido tan necesario.