Y Trump impuso finalmente sus aranceles que, en muchos casos, han terminado siendo más altos de lo esperado, aunque la situación de México y Canadá quedó como estaba hasta el día de ayer, con los aranceles al acero y al aluminio, y el impuesto del 25% a los productos que no estén protegidos por el T-MEC.
Para los automóviles, el impuesto se graduará en relación con el número de componentes estadunidenses que tenga cada unidad. Se especificó que esos aranceles para Canadá y Estados Unidos seguirán estando relacionados a los avances en los temas migratorios y de tráfico de fentanilo.
Cuando se consideren superadas esas diferencias, los aranceles de todos los productos protegidos por el T-MEC seguirán siendo de cero por ciento y todos los demás podrán tener un arancel de 12 por ciento. No es ni remotamente lo mejor, pero tampoco lo peor, porque hay un margen de negociación si se respeta el T-MEC.
Todos los demás países tendrán un impuesto base de 10% y algunos, como China y la India, cargas mucho mayores, de 34% total en el caso chino. La Unión Europea tendrá un arancel a sus productos de 20 por ciento. Llamó la atención que se impusieran altas cargas también a los productores provenientes de algunos de los países más pobres del mundo, como Bangladesh y Burundi, entre muchos otros.
A pesar de que Trump hizo el anuncio una vez que cerró Wall Street, en los mercados a futuros hubo una caída automática de 2%, lo mismo que en el índice Nikkei, de Japón, uno de los países exportadores que podrían salir más afectados.
Existe la convicción de que los cientos de miles de millones que dice Trump que recaudará con los nuevos impuestos terminarán siendo pagados por los propios consumidores estadunidenses, en un contexto global en los que se podría generar una crisis marcada por el estancamiento económico, mayor inflación y la existencia de bloques regionales opuestos al propio Estados Unidos.
El presidente de la Asociación Nacional de Fabricantes, Jay Timmons, explicó con claridad las consecuencias de esta política: “Los altos costos de los nuevos aranceles amenazan la inversión, los empleos, las cadenas de suministro y, a su vez, la capacidad de EU para superar a otras naciones y liderar como la superpotencia manufacturera preeminente”.
El argumento de Trump es que, cerrando el mercado y cobrando aranceles, recuperará cientos de miles de millones de dólares que le permitirán reducir los impuestos. Pero esa reducción fiscal beneficiará a los más ricos, mientras que las clases medias y bajas cargarán con un fuerte costo inflacionario, que será mayor en la medida en que una Unión Americana con cadenas de producción rotas o lastimadas añada costos extra a su propia producción industrial.
Porque, además, se rompen los bloques regionales y se crean otros: por lo pronto, la decisión de Trump vulnera las reglas de la Organización Mundial de Comercio. Especialistas sobre el tema estiman que el diferencial real que habría, si se hubieran seguido las reglas de la OMC, sería de aproximadamente un 3%, pero el impuesto base ya se colocó en 10%, más lo que se acumule contra los distintos países.
La gran paradoja de todo esto es que, salvo en los casos de China o la India, los mayores aranceles se han impuesto a los países tradicionalmente aliados de Estados Unidos. La Unión Europea se está preparando y trabajando para responder con aranceles recíprocos y un claro distanciamiento diplomático. Japón y Corea del Sur iniciaron desde el fin de semana acercamientos con China, un camino que podrían seguir otros países.
El caso de México exige una respuesta que será compleja. Ya adelantó la presidenta Sheinbaum que no es partidaria del ojo por ojo, habrá respuestas, pero serán limitadas.
En nuestro caso, los aranceles, además, están relacionados, como decíamos, con los avances que se registren en migración y fentanilo, lo que les da una dimensión totalmente diferente. Lo que se negocia no son tasas impositivas, sino resultados en ámbitos absolutamente ajenos y en donde México tendrá que, necesariamente, cubrir las exigencias que devengan de ello: se trata de fentanilo y migración, pero estamos hablando de cárteles, de detenciones de líderes, de romper cadenas de protección política y, al mismo tiempo de ser —eso es lo que quiere la Casa Blanca— parte del área de protección regional de Estados Unidos. Pero se trata también de la agricultura, la ganadería, la inversión en energía y agua, de romper normas que, para EU, vulneran el T-MEC.
Literalmente, de eso dependerá nuestro futuro, porque, por más que se convoque a relanzar la industria nacional o a buscar nuevos mercados, lo cierto es que más del 80% de nuestro comercio es con EU y las cadenas de producción están íntimamente entrelazadas: no podemos apostar a un mercado como el europeo o el asiático, que se encapsularán para enfrentar mejor esta guerra comercial.
Nuestro destino está en América del Norte y para ello se deberá, necesariamente, tener resultados en seguridad, pero también abrir nuestra economía de muchos de los candados que se le impusieron con las reformas aprobadas en los últimos años.
GUERRERO, SEGURIDAD
Ayer se analizó en Palacio Nacional, en la Mesa Nacional de Seguridad, la situación de seguridad en Guerrero, en un encuentro en el que participaron la presidenta Sheinbaum y la gobernadora Evelyn Salgado, con el objetivo de coordinar estrategias y reforzar las acciones de protección ciudadana.
A pesar de que subsisten áreas de inseguridad en el estado, los índices de los últimos meses han mejorado en forma notable, sobre todo en las zonas urbanas como Acapulco.