Hay que registrar un acierto político de Claudia Sheinbaum luego de que el miércoles se supieran las condiciones que de momento tiene México en la nueva política arancelaria de Estados Unidos. Su respuesta ha sido de jefa de Estado más que de partido.
Tras el anuncio de Donald Trump, que no implica ni de lejos que cesaron los riesgos, la presidenta atinó al convocar a un acto en el Museo de Antropología que además de servir de banderazo de una suerte de relanzamiento del Plan México, tuvo aire republicano.
El Zócalo guinda es una cosa, lo de ayer en Chapultepec es otra y una muy bienvenida: con la solemnidad que el reto del nuevo mundo con aranceles implica, Sheinbaum anunció 18 medidas y se incluyó en tal evento a gobernantes de la oposición.
Porque lo que se viene, como se detalló este mismo jueves tanto en Palacio Nacional como en Antropología, es un circo de dos pistas en el que habrá que mostrar destrezas complementarias, y priorizar las mejores soluciones, aunque no parezcan muy guindas que digamos.
Para abril y para mayo, como dice la canción, la economía de México tendrá que reinventarse. Y para empezar, el secretario del ramo, Marcelo Ebrard, regresa la semana entrante a Washington a mucho más que evitar el peor escenario en los aranceles a las autopartes.
En esa pista, la de la negociación bilateral con Trump, México pretende alcanzar, como explicó ayer el propio Marcelo, el mejor trato preferente. Se avecinan, por tanto, semanas de estira y afloja. Pero ahí Sheinbaum tiene hoy un bien ganado beneficio de la duda.
Si además se toma en cuenta que “Claudia la pragmática” ha dado muestras de sobra de que posee una disposición a colaborar en las otras agendas que le interesan a la Casa Blanca trumpista, el espacio para un moderado optimismo no es irracional.
Por el contrario, la otra pista, la nacional, supone operaciones donde el equipo de Sheinbaum ha de mostrar que está listo para ejecutar en tiempo y forma la serie de políticas que ayer adelantó la presidenta en el emblemático Museo de Antropología.
Para el equipo que recibió la encomienda de apoyar a la presidenta, llegó la hora de apretar el acelerador al fondo. De aquí a mayo la mandataria, según expuso ayer, dará detalles concretos sobre la instrumentación de esos 18 ejes.
Es claudismo puro lo que se vio en el evento de ayer. La presidenta, haciendo gala de esa minuciosidad con que acomete las tareas, decía algunas líneas generales de cada uno de esos ejes y al mismo tiempo señalaba la fecha precisa en que los detalles serán publicados.
Sin embargo, no se puede olvidar que Morena ya vivió en carne propia que no es nada sencillo que el elefante burocrático cambie de rutina o adopte nuevo ritmo. No vaya a resultar luego que fue más sencillo convencer a trumpistas de ceder que al propio gobierno de ser ágil.
Dicho en pocas palabras. El anuncio de la presidenta de ayer tuvo el marco idóneo y apunta en la dirección correcta: hay que reforzar/ajustar lo interno, hay que ser flexibles ante lo externo y llegó la hora de echar, capital privado y público, toda la carne al asador.
Para abril y para mayo el gabinete ha de ser eficaz en todo tipo de trámites, evitar grillas, deshacerse de gente improductiva, cancelar privilegios a los amigos de poderosos del sureste y probar que la ideología no será su principal obstáculo.
Adoptar siempre respuestas republicanas, no de partido… en dos pistas. ¿A piece of cake?