Lobby automotriz frena embestida arancelaria de Trump contra México

Presión de Ford, GM y las cifras de impacto económico moderan medida; el T-MEC sobrevive, pero con condiciones

La ofensiva proteccionista del presidente Donald Trump encontró un inesperado contrapeso en su propia industria automotriz. Aunque este miércoles anunció un paquete arancelario sin precedentes contra los principales socios comerciales de Estados Unidos, Trump mantuvo fuera de la lista a México y Canadá… por ahora.

El giro se atribuye al fuerte lobby de empresas como General Motors, Ford y Stellantis, que advirtieron a la Casa Blanca del riesgo que implicaría imponer aranceles del 25% a vehículos y autopartes mexicanas: “El costo de una camioneta subiría hasta 15 mil dólares, y el de un auto hasta 10 mil”, advirtieron. La advertencia surtió efecto.

Trump, sin embargo, no ocultó su molestia. Desde la Casa Blanca, dijo que tanto México como Canadá acumulan déficits comerciales “intolerables” para Estados Unidos y pidió al Congreso terminar con el T-MEC, acuerdo que calificó como “el peor jamás firmado”.

Aun así, decidió extender la moratoria para aplicar tarifas a productos amparados por el tratado, evitando una ruptura inmediata con sus vecinos. El alivio es temporal y condicionado: sólo estarán exentos de arancel los productos que cumplan estrictamente con las reglas de origen del T-MEC, en particular la exigencia de que el 65% del valor de los vehículos se fabrique en Norteamérica.

La presión del sector automotor fue determinante. Ejecutivos explicaron a Trump que trasladar una planta desde México a Estados Unidos tomaría al menos cinco años, y relocalizar toda la industria más de siete. A esto se suma el impacto que tendría en la clase media estadounidense, ya golpeada por la inflación. Una industria desarticulada implicaría precios más altos, menor oferta y despidos masivos.

Trump no lo ignora. Quizás por eso, en su discurso, dejó entrever que busca un tercer mandato, insinuando que su ambicioso plan de reindustrialización requiere más tiempo para consolidarse.

La administración estadounidense también apunta a cerrar la puerta a China, vía México. Trump considera que el país asiático ha aprovechado la manufactura mexicana para ingresar piezas a bajo costo. Por ello, endurecer la regla del 65% busca frenar esa puerta trasera. Sin embargo, aún queda por ver cómo se controlará su cumplimiento y qué margen de maniobra tendrán las empresas ensambladoras.

Empresas como Foxconn, que dominan el mercado de electrónicos, también podrían resentir el cambio, ya que sus productos, aunque armados en México, contienen alto contenido asiático y no cumplirían con las nuevas reglas.

Mientras tanto, la industria automotriz logró su objetivo inmediato: frenar un arancel devastador. Pero el mensaje de Trump fue claro: esta prórroga es sólo una pausa. La amenaza persiste, el T-MEC pende de un hilo, y el reloj corre.

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