Recibí el mensaje de Alexis Weinberg el 26 de febrero de 2019. “Si quieren ir a nuestra oficina es Leibnitz 40. Les queda 6pm?”. Yo llevaba seis años investigando al empresario Samuel Weinberg, a su hijo Alexis y la red de negocios que crearon con Genaro García Luna. Por primera vez, Alexis aceptaba responder a mis preguntas. La oficina donde ocurrió la reunión, supe después, estaba en un edificio en Polanco que les vendió a los Weinberg Julia Abdala, la pareja de Manuel Bartlett. Ahora, sabemos que los Weinberg pagaron la propiedad con parte del dinero que obtuvieron del gobierno mexicano.
Justo por esta relación, durante años he buscado si Bartlett benefició a los Weinberg con algún negocio oficial. Cuando Mónica se casó, Bartlett era senador por el PRI. Cuando los Weinberg hicieron buena parte de sus negocios, Bartlett era de nuevo senador, por el Partido del Trabajo. No he encontrado, hasta ahora, transferencias de dinero que llegaran a Bartlett, ni alguna pista que me indique que Bartlett benefició a los amigos de su pareja. De hecho, durante años, me han dicho que Bartlett y Samuel Weinberg no se agradan. “Ellos se sobrellevan, por las esposas, pero no se aguantan”, me dijo una persona cercana a la familia.
Durante la investigación para mi libro, obtuve las escrituras de un edificio de oficinas en Leibnitz 40, donde entrevisté a Alexis Weinberg en 2019. Abdala lo compró en 2007 en seis millones de pesos. En 2012, lo vendió a los Weinberg. Una fuente oficial me aseguró que la remodelación de ese edificio, para convertirlo de hotel a oficinas cuando Abdala se los vendió a los Weinberg, fue pagada por la SSP. Justo en los meses cuando ocurrió la venta, en ese edificio operó parte de lo que llamaban “el proyecto secreto”.
Ahora, gracias a un reportaje de Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI) sabemos que Abdala recibió 4.5 millones de dólares de Nunvav, la empresa de los Weinberg que recibió más dinero federal. El dinero salía del gobierno de México y llegaba a una cuenta de los Weinberg en el banco colombiano Occidental Bank en Barbados. Allí llegó buena parte del dinero que se investiga en una demanda civil en Miami. De allí salieron los 10 millones de dólares en sobornos que los Weinberg pagaron a García Luna. Y desde allí también salieron los 4.5 millones que llegaron a cuentas personales de Abdala y a Roybell International, una compañía de ella en Panamá, que encontramos en los Pandora Papers.
Como dije, no he obtenido ningún indicio que sugiera que Abdala ni Bartlett gestionaron contratos oficiales para los Weinberg. En una entrevista con Ciro Gómez Leyva esta semana, Abdala dijo que no conoce a García Luna. No tengo pruebas de que así fuera, pero sé que al menos coincidieron en dos bodas de los hijos de Weinberg. Tampoco creo que Abdala sea una pieza relevante en la demanda civil que el gobierno mexicano tiene en Miami, cuyo juicio está por comenzar. Lo que sí revela el reportaje de MCCI es que, indirectamente, ella fue una beneficiaria de los millones de dólares que los Weinberg y García Luna sangraron por años al gobierno mexicano.