Cuauhtémoc Blanco podrá decir que el martes sacó los tres puntos del durísimo juego en San Lázaro. Pero no lo imagino pensando en una victoria. Porque, ¿qué ganó? ¿Libertad, paz? ¿Quién va a querer sumarlo a un proyecto político, social, deportivo? ¿Será invitado especial en los informes de la gobernadora Margarita González? ¿Inaugurará una cancha de futbol con la presidenta Sheinbaum, con las secretarias Rosa Icela y Citlalli? ¿La ministra Batres le obsequiará el discurso de apertura en uno de los cercanos actos de campaña? ¿Su cara será la imagen de Morena en los comicios federales de 2027? ¿El Vasco Aguirre y Rafa Márquez lo sumarán como motivador de la selección rumbo al Mundial? ¿Será el analista jodón en los partidos de la liguilla? Los tres puntos, además, no lo escudan a perpetuidad ante las nuevas acciones judiciales que promoverá la mujer que aseguró y asegura que la agredió sexualmente. Cuauhtémoc puede acordarse del “último minuto también tiene 60 segundos”, de don Fernando Marcos. Está a tiempo de ir a Morelos, someterse a la autoridad, renunciar ahí al fuero y jugársela limpio en la cancha legal. Puede perder, también puede salir vivo y tener un futuro.