LLEGÓ el 20 de enero y, con ello, el inicio de una nueva era que pinta para ser turbulenta en lo económico, en lo político y, posiblemente, incluso en lo militar a nivel global.
LOS CAMBIOS vendrán desde la imposición de aranceles tanto a sus competidores como a sus aliados así como otras políticas proteccionistas en lo económico, hasta su intención de intervenir en los conflictos armados entre Rusia y Ucrania y entre Israel y Hamas.
Y, A DIFERENCIA de su primer periodo en el que tenía el incentivo de la reelección para moderar de alguna forma sus dichos y sus acciones, ahora Trump sabe que tiene sólo cuatro años para completar todos sus objetivos.
YA SE VERÁN de aquí al 2028 la dimensión y profundidad de esos cambios.
A PESAR de que el gobierno federal y en los gobiernos de los estados fronterizos con Estados Unidos llevan meses preparándose para el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, hay un principio de incertidumbre en lo que podría ocurrir a partir de hoy en materia migratoria.
UNA DE las principales dudas es si las deportaciones a México serán solamente de mexicanos o si mandarán para acá también a migrantes provenientes de Centroamérica y del Caribe.
EN ESE sentido, la posibilidad de recibir a personas de otros países está considerada como una moneda de cambio con EU: sí recibirlos, pero a cambio de algo que convenga a México y a sus intereses.
OTRA muy importante es la cantidad de personas que estaría deportando la nueva administración republicana y, quizás la más relevante es si iniciarán esas repatriaciones forzosas de manera inmediata y masiva o programada y gradual.
ANTE esta situación, las autoridades mexicanas dicen tener preparados varios escenarios que no han dado a conocer aún pues consideran al nuevo presidente de EU como un “jugador de póker a quien no se le deben de mostrar las cartas”.
PASE lo que pase, se anticipa que la respuesta no será sólo del gobierno, será del Estado mexicano; es decir: el gobierno federal y los gobiernos estatales en su conjunto con el apoyo de sectores sociales y económicos desde los empresarios hasta las iglesias pasando por la sociedad civil y hasta la oposición.
A VER si logra mantenerse ese frente común ante los embates de Trump.