El secuestro de la sobrina de Tatiana Clouthier

Las vieron en un Oxxo. Tres mujeres solas en una camioneta con placas de Sinaloa, cuyo plan era hacer senderismo en las inmediaciones del Centro Ceremonial Otomí, ubicado en el municipio de Temoaya, Estado de México.

Las interceptaron. Ignoraban que una de ellas era sobrina de la exsecretaria de Economía, Tatiana Clouthier.

El senderismo en México se ha vuelto una actividad de alto riesgo. Sobre todo en las cercanías del Nevado de Toluca, el Parque Nacional Cumbres Sierra Nevada y el Centro Ceremonial Otomí. Numerosas denuncias llegan también del Parque Nacional Cumbres del Ajusco, las cercanías del Volcán El Cajete, las Lagunas de Zempoala y el Parque Nacional El Tepozteco.

El colectivo Caminantes, del que forman parte senderistas con hasta 25 años de experiencia, ha decidido suspender de manera definitiva sus caminatas.

En todas esas zonas el crimen organizado ha absorbido a los talamontes. Al mismo tiempo, bandas locales explotan tanto la extorsión como el secuestro de caminantes.

Se ha detectado que una buena parte de las camionetas robadas a los paseantes, sobre todo en el Estado de México, son enviadas a las zonas de la Tierra Caliente de Michoacán, Guerrero, y el Edomex, donde actúan células operativas de la Familia Michoacana.

Muchos de los vehículos robados a senderistas, y empleados más tarde para cometer ilícitos, fueron robados a familias o grupos de amigos que un fin de semana cualquiera decidieron internarse en zonas que los montañistas recorren desde hace varios años.

Colectivos de senderistas aseguran que la situación se agravó de tres años a la fecha. Supuestos ejidatarios armados los extorsionan con frecuencia, para dejar que continúen su camino. Cuando llegan a cruzarse con grupos de talamontes, el peligro es mayor. Algunos montañistas tienen relatos escalofriantes de encuentros con gente violenta, armada con motosierras, que los obliga, por medio de agresiones y amenazas, a cambiar de ruta.

Incluso se han dado casos de delitos sexuales. A finales de 2019 causó escándalo el secuestro en el Nevado de Toluca del cineasta francés Frederic Michel, y del actor Alejandro Sandí.

Dicha realidad no se ha modificado. Experiencias como estas, sin embargo, pocas veces se denuncian. Los caminantes pagan extorsiones y se resignan a decirle adiós a las aventuras finisemanales.

El lunes pasado llegó a la Coordinación Nacional Antisecuestro el reporte de que tres mujeres que se habían internado en los alrededores del Centro Cultural Otomí se hallaban en calidad de desaparecidas. Una de ellas era hija de Heriberto Félix, exsecretario de Desarrollo Social del gobierno de Felipe Calderón, y sobrina de la exsecretaria de Economía del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, Tatiana Clouthier.

Desde un teléfono desechable, los secuestradores se habían reportado para decir: “tenemos a su familiar”.

Las familias de las tres mujeres creyeron, inicialmente, que se trataba de una extorsión. Pero los teléfonos de las tres estaban apagados. Después de interrogarlas, y de obtener algunos datos financieros, los secuestradores llamaron el lunes temprano y exigieron una cantidad millonaria.

Fuentes del Edomex los definieron como “un grupo de pelagatos” que habían encontrado una actividad rentable en el secuestro de turistas, y que ignoraban bien a bien a quién se habían llevado.

Se cree que después de someter a las mujeres, las condujeron a bordo de un automóvil de modelo antiguo, y que se llevaron también la camioneta.

Esta contaba, sin embargo, con GPS. Esto dio a las autoridades una ubicación aproximada de los sitios en donde el vehículo se estuvo moviendo. Personal de la Secretaría de Seguridad Pública, la Fiscalía del Estado de México y la Comisión Nacional Antisecuestros lograron obtener también la ubicación de la zona en que los teléfonos de las víctimas registraron su última actividad, antes de ser apagados: el municipio de Isidro Fabela.

Las instituciones que tomaron parte en las labores de búsqueda dividieron el área en bloques y comenzaron a peinarla. Todo apuntaba a una zona boscosa del municipio de Isidro Fabela.

Se conoce el resultado. Uno de los grupos detectó actividad sospechosa en los alrededores de una casa en obra negra.

Ahí se hallaban las tres mujeres, encadenadas de los pies a los postes de una cama. Ha trascendido que una mujer fue detenida en el lugar.

Otro hombre intentó huir, y se internó en el monte. Lograron capturarlo. Llevaba encima los teléfonos de las víctimas.

La resonancia mediática del caso habla apenas de la situación que se vive en las zonas boscosas de la CDMX, Morelos y el Edomex, en donde cada metro está en poder de un grupo criminal, y en donde las víctimas comprenden, a la mala, la realidad del país en el que están viviendo.

El caso de la sobrina de Clouthier por fortuna se resolvió con rapidez (la denuncia se hizo de inmediato) y con las víctimas intactas. Pero existen cientos, miles de historias de las que nunca nos hemos enterado. Si no lo creen, pregúntenle a su montañista de confianza.

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