El peligro del dedazo de género

La designación de Clara Brugada como futura candidata a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México es una jugada maestra del ala radical de Morena. Es indudable que se impuso la congruencia ideológica al pragmatismo político: por más que fuera el candidato favorito de Claudia Sheinbaum, Omar García Harfuch representaba —por trayectoria, vínculos y convicciones— una flagrante contradicción con todo lo que el obradorato ha pregonado todo el sexenio.

Harfuch arrasó en la encuesta. Aportaba a Morena justo lo que necesitaban: alguien capaz de conquistar nuevos grupos de electores, que se han vuelto anti-AMLO, y poner al partido oficial en una posición más competitiva en la capital del país. Pero lo excluyeron y pusieron a Clara Brugada, que quedó 14 puntos abajo. El pretexto fue la paridad de género. Fue dedazo de género: AMLO, que es un radical de Morena, acompañado de otros radicales de Morena, lo bajaron. Si el presidente hubiera querido que fuera Harfuch, bajaban a cualquier otro aspirante hombre de cualquier otro estado.

La operación política de Palacio Nacional y la humillación pública a García Harfuch no se limitaron a quitarle la candidatura ganada. También, después de gritos y consignas en su contra, fue obligado a levantar la mano de Clara Brugada como señal de derrota política y personal. Para un líder lleno de simbolismos como López Obrador, este gesto envía un claro mensaje, tanto dentro del partido como hacia el exterior.

Clara Brugada arranca cargando la derrota que le propinó Harfuch. Enfrentará la ardua tarea de conquistar el apoyo de las clases medias, esencial para el éxito en las urnas el próximo año. La victoria de Morena en la capital del país no se ve fácil. Y el presidente no debería subestimar la popularidad de García Harfuch en la Ciudad y su potencial valor en una elección que será crucial de cara a la contienda Presidencial. Si se va de candidato al Senado, en una de esas obtiene más votos que Brugada. Las encuestas de Morena así lo delinean.

Para bendición de la triada AMLO-Claudia-Clara, la oposición en la Ciudad de México está desorientada y en tensión permanente. El PAN ya prácticamente ungió a Santiago Taboada, pero el PRI y el PRD no quieren entregar tan rápido su respaldo. El PRI quiere impulsar a Adrián Rubalcava —hay quien le dice “la antorcha humana de Troya”— y Sandra Cuevas no quiere bajarse. Los dos han encontrado en las redes sociales el receptáculo perfecto para protagonizar una comedia romántica, mitad telenovela mitad placer culposo, desde la que buscan aumentar sus niveles de conocimiento y ganar simpatías del electorado.

SACIAMORBOS

Hay dos exgobernadores priistas que entregaron sus estados a Morena, pero no han recibido embajada del premio. No es que se hagan los dignos, es que apuestan a que les toque lugar en el gabinete de la doctora.

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