El guiño de los duros a García Harfuch

En medio del fuego que los radicales de Morena han disparado desde distintos frentes, y a través de plumas afines, en contra de la candidatura al gobierno de la CDMX del exsecretario de Seguridad pública Omar García Harfuch, Rafael Barajas, El Fisgón, una pieza relevante dentro de ese grupo, soltó el jueves pasado, en el programa de Sabina Berman, un comentario que causó gran extrañeza en el oficialismo:

“Harfuch será lo que quieras, pero nunca ha dicho: ‘Yo no estoy con la Cuarta Transformación’. Él está con ese proyecto y entiende que quien lo encabeza es Claudia Sheinbaum”.

El monero, encargado de la formación de cuadros en Morena y una de las voces cercanas al presidente López Obrador, admitió que Harfuch “es una figura que puede resultar atractiva para las clases medias en una ciudad en la cual las clases medias tienen un peso importante…”.

Berman preguntó más adelante si no era necesario encender en Morena focos rojos (con respecto a una candidatura como la de García Harfuch). El Fisgón respondió que en el siglo XIX muchos liberales históricos (Guillermo Prieto, entre ellos) habían militado antes en el partido conservador, y agregó que más con que con la procedencia de alguien, “el tema tiene que ver con el proyecto que se abraza”.

Berman insistió en lo de los focos rojos. Barajas respondió que había mucha gente en la Cuarta Transformación que venía de otras expresiones políticas “y que han hecho muy buen papel”.

“¿Cómo quienes?”, preguntó Berman.

Barajas mencionó a López Obrador y a Manuel Bartlett. “Manuel Bartlett incluso participa en el fraude del 88 y ha hecho una defensa muy buena de la soberanía eléctrica”.

Paco Ignacio Taibo, invitado también al programa, señaló que era necesario tener cautela a la hora de aplicar la censura, “porque si la aplicas desde el rigorismo de una izquierda que viene de la prehistoria, entonces nunca hubiéramos tenido a Andrés, que venía del PRI”.

El titular del Fondo de Cultura Económica precisó más tarde que era necesario valorar la trayectoria de la gente (“¿Ha estado involucrado en una represión a movimientos sociales? Eso descalifica, totalmente. ¿Ha estado vinculado a a fenómenos de corrupción? Pues eso descalifica. ¿Ha estado vinculado a fenómenos de poder…?”). Pero el brusco cambio de matiz en las posturas de los intelectuales del ala radical de la 4T hizo que varios cuatroteístas, algunos de ellos “históricos”, levantaran la ceja.

El clip con las declaraciones comenzó a circular entre cuadros y militantes que han estado intentando descifrar las señales ambiguas que salen desde Palacio, en donde es claro que García Harfuch no goza plenamente del ánimo presidencial, y en donde al mismo tiempo crece la noción de que una de sus cartas, Hugo López-Gatell, no logra crecer como candidato.

La encuesta de Buendía levantada entre el 12 y el 15 de octubre en la Ciudad de México reveló que 43% de los encuestados no votarían nunca por el zar anticovid, y que solo 16% lo preferiría como candidato.

En esa misma encuesta, García Harfuch volvió a despuntar ante sus rivales: 46% de los encuestados tiene una buena opinión de él, y 39% lo preferiría como candidato —en contra del 38% de opinión positiva que tiene Clara Brugada, la candidata de los duros, y el 27% que alcanza en las preferencias.

La andanada contra García Harfuch arreció desde que, con un tono digno de llamar la atención, Alejandro Encinas sostuvo que el exsubsecretario había estado presente en las supuestas juntas donde se tramó “la verdad histórica” del caso Ayotzinapa, y promovió entre los padres de los estudiantes desaparecidos la idea de que García Harfuch fuera investigado.

La ola en contra de este creció de tal modo que la propia Claudia Sheinbaum, enarbolando el “bastón de mando”, buscó al presidente para pedirle que la detuviera. Sheinbaum no dejó crecer a nadie de su gabinete. Pero ha actuado claramente como operadora en la campaña de García Harfuch, y a esa labor se atribuye que personajes como Mario Delgado y Ricardo Monreal hayan dejado de lado la aspiración de gobernar la capital del país.

Los números que manejan en Palacio indican que el exsecretario podría ganar la ciudad y entregar a Morena espacios importantes en la legislatura y en las alcaldías.

La oposición a su candidatura, sin embargo, sigue viva, a pesar de que golpea también la candidatura de Claudia Sheinbaum. Falta saber si el sorprendente cambio de matiz por parte de los duros es un anticipo del sitio hacia dónde va a soplar el viento.

Difícilmente bajará Harfuch en las encuestas. Pero, ya lo dijo El Fisgón, quien decidirá al final será “la ciudadanía”. La “ciudadanía” que vive en Palacio, desde luego.

Lo que queda ya para la historia es la manera deliciosa en que el autor del fraude a la izquierda en 1988 se ha convertido hoy en uno de los grandes referentes, en un modelo mayor de la redención que trae la izquierda.

¡Cosas veredes!

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