Desinformación criminal

Todos en el mundo, literalmente, estamos viviendo en medio de dos fenómenos que pueden cambiar nuestra vida y nuestro futuro. Por un lado está la guerra de propaganda entre Israel y Hamás, que hoy cumplen 11 días en conflicto armado, y por el otro, la desinformación diseminada en las redes sociales por ambas partes, pero acompañada por miles de cuentas que reproducen visiones alternas de la realidad que también nutren las plataformas con mentiras y narrativas que parecen el preludio de un armagedón.

Hace unos días circuló información en las redes, que llegó a portales de medios acreditados, que mencionaba que terroristas de Hamás habían decapitado a unos 40 niños. Los corresponsales de Le Monde y Liberation visitaron la comunidad donde supuestamente se habían realizado las decapitaciones, pero no encontraron ninguna evidencia. Voceros militares israelíes respaldaron la versión, pero recularon. La CNN pidió confirmación y le respondieron: “Aunque ha habido casos de militantes de Hamás de decapitaciones y otras atrocidades al estilo del Estado Islámico, no podemos confirmar si las víctimas fueron hombres o mujeres, soldados o civiles, adultos o niños”. O sea, esa especie fue falsa.

El que una mentira disfrazada de información sea falsa, no explica, ni justifica o condona las atrocidades que están cometiendo las dos partes, pero subraya el difícil momento por el que atraviesa la verdad en un conflicto que requeriría, por el potencial de escalamiento militar regional, incluso mundial, que estuviera verificada y que sus contenidos incluyeran cordura, prudencia y moderación. Esto parece ser imposible en estos momentos.

En muchos eventos de gran envergadura, como son los conflictos armados, escribió recientemente Tamara Kharroub, directora ejecutiva del Centro Árabe en Washington, “hay un vacío de información verificada y precisa, así como muchos intereses y emociones. En tanto el humo de la guerra y la polarización hacen muy difícil verificar la información y encontrar fuentes creíbles y confiables, las plataformas de las redes sociales se han convertido en un espacio de información vital”.

El lunes pasado, el periódico The Washington Post tuvo acceso a un audio grabado en WhatsApp de una persona presumiblemente con información interna del Ejército israelí, que circuló en cientos de grupos en ese país, que decía que estaban preparándose para otra “batalla como nunca la hemos experimentado antes”, y advertía a la población que se preparara porque faltaría comida, agua y el internet por una semana. En todo el país, agregó el diario, los israelís corrieron a los bancos y a las tiendas, hasta que un vocero militar dijo horas después que era falso.

En momentos de crisis todo es creíble para muchos. Los miedos, las angustias, las ansiedades y las emociones dominan la razón. “Estoy aterrorizada”, comentó al Post Marwa Fatafta, analista en Al Shabaka, un tanque de pensamiento palestino en una entrevista. “Hay mucha información que está siendo compartida que no está verificada, y muchos llamados a la violencia y a la deshumanización. Todo esto está avivando las llamadas de más masacres (de palestinos)”. La construcción de este tipo de pensamiento ayuda al consenso, en este caso del gobierno israelí para cualquier tipo de fuerza contra Hamás. Por ejemplo, otro audio de WhatsApp que revisó el diario decía que los árabes planeaban un ataque coordinado y que ciudadanos palestinos iban a trasladarse en vehículos con placas israelíes –amarillas con números negros, que son diferentes a las autorizadas en Gaza y en Cisjordania–, para disparar desde ahí a la gente.

“El nivel de desinformación, especialmente en X (anteriormente Twitter), no se había visto antes y se está diseminando a una velocidad acelerada debido a su naturaleza gráfica y humana, que por lo mismo amplía su alcance”, agregó Kharroub. Cyabra, la empresa israelí especializada en amenazas cibernéticas, reportó que una de cada cuatro cuentas que participaron en la conversación en torno al conflicto en los dos primeros días de iniciado era falsa. Aseguró que Hamás utilizó masivamente 40 mil bots, que postearon 312 mil mensajes con falsas narrativas, para manipular a la opinión pública. De ellas salió el mensaje de que las milicias de Hamás actuaron “civilizadamente” el sábado 7, cuando atacaron 22 comunidades judías y mataron a cientos, que tuvieron un alcance de 500 millones de cuentas en X durante 48 horas.

Analistas de redes señalaron que, al menos durante la primera semana de guerra, 20 por ciento de quienes participaban en las conversaciones donde predominaba el odio y las mentiras lo albergaban X y TikTok. Thierry Breton, el comisionado europeo, envió una carta al propietario de X, Elon Musk, el martes pasado, donde señalaba la diseminación de contenido falso y desinformación en su plataforma, y le pedía moderación en el contenido. La Unión Europea pidió también al presidente de TikTok, Shou Zi Chew, evitar el contenido ilegal y falso de la guerra entre Israel y Hamás. Meta, que ha sido la red social más criticada por años por diseminar narrativas de odio y mentiras, difundió un comunicado el viernes, informando de medidas extraordinarias para monitorear sus plataformas.

Lo que ha producido esta desinformación criminal es un creciente discurso de odio antisemita, la islamofobia, y un racismo antipalestino. Los llamados de los líderes del mundo para separar a Hamás de los palestinos han resultado insuficientes. El esfuerzo de los medios de comunicación por verificar y desmentir las falsedades es constantemente superado por la velocidad en las redes sociales.

Como enfatizó Kharroub, la difusión de teorías conspiracionistas y la justificación de la violencia contra los judíos alrededor del mundo son altamente preocupantes, como lo son los llamados a matar a todos los palestinos y destruir Gaza. La deshumanización del conflicto está corriendo libremente por las plataformas digitales, donde hay un lenguaje genocida que revolotea en todo el mundo. Estamos viendo, en el escalamiento del conflicto, cómo las fake news y la propaganda se han convertido en el principal combustible de los extremistas, aprovechando la credulidad de millones, proclives a creer más en las mentiras que en la verdad. Esta es una más de las tragedias que estamos viviendo.

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