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AMLO y sus mercados de futuros

José Luis Parra

Morena primero se engulló al PRD y luego al PRI. Así, literal, se los tragó atropelladamente y sin mascarla. Hoy es el partido más poderoso. Y aquí viene la duda: ¿Hacia dónde va el proyecto obradorista?

No son pocos los que piensan que vamos a una nueva dictadura, con ciertas variantes a la ejercida por el PRI durante varios años. La dictadura perfecta, la llamó atinadamente Mario Vargas Llosa. Bueno, ahora toca a la versión López Obrador, aunque para un dominio total falta por vencer la resistencia en las cámaras legislativas, principalmente en San Lázaro.

Y entonces sí hasta se podría analizar la posibilidad de un imperio, tercermundista, claro, pero al fin imperio.

¿Emperador sería buen título?

Pero dejemos territorios meramente hipotéticos, especulativos, para centrarnos en el presente y la nueva realidad.

Con las cuatro gubernaturas ganadas este domingo, Morena se convirtió, en sólo cuatro años, en el partido político más ganador: Ganó la presidencia, la mayoría en las dos Cámaras del Congreso y 20 de los 32 estados. Bajita la mano gobierna a más de 70 millones de personas.

Antes de las elecciones de 2018, Morena no tenía ni una sola gubernatura, pero en cuatro años ganó 20.

La nueva radiografía política es ilustrativa: Antes de 2018 la coalición PRI-PAN-PRD gobernaba los 32 estados del país. Pero desde el domingo esos partidos tienen ocho, una cuarta parte del antiguo poder.

Ahora el PAN mantiene el control en Guanajuato, Querétaro, Yucatán, Chihuahua y Aguascalientes.

El PRI, sólo el Estado de México y Coahuila, aunque en breve ambos partidos compartirán Durango.

Movimiento Ciudadano tiene dos gubernaturas, Jalisco y Nuevo León, mientras el Partido verde Ecologista gobierna San Luis Potosí.

El resto está en control de Morena.

La nueva realidad da para jugar en los mercados de futuros. El negociador en jefe, obviamente, es el presidente.

En estas negociaciones el PAN va a la alza y el PRI a la baja. Movimiento Ciudadano esperará a contar con una carta fuerte y propia para la sucesión presidencial. Dante Delgado es un hábil negociador.

El PRD, chiquito, sin poder para negociar.

Esto significaría que la alianza opositora ya llegó a su fin.

Es inoperante con su estructura actual. La salida es convencer a Dante Delgado para dar la batalla juntos en el crucial 2024, año en el que México se juega su futuro como nación.

El PRI está obligado a repetir la vieja frase: Renovarse o morir.

Pero para ello requiere de nuevos cuadros que vengan a convencer al electorado, asesorados por los priistas históricos que vengan a transmitir sabiduría. Alito ya es una caricatura. Su sola presencia daña, contamina, aleja, asocia a la imagen de corrupción.

Su vieja guardia está con el ganador. Y si no lo cree, cheque el origen de nuevos gobernantes: Julio Menchaca (casi gobernador electo de Hidalgo) militó 35 años en el PRI, mientras Américo Villarreal, Tamaulipas, acumuló 34 añitos como priista. Salomón Jara, Oaxaca, proviene del PRD. Cuadros anquilosados que, como la energía, se transformaron al obradorismo.

En las nuevas negociaciones mandará el PAN. Quizá vaya solo al 2024 o en alianza con Movimiento Ciudadano, sobre todo si convencen a Luis Donaldo Colosio.

Por lo pronto AMLO tiene más poder.

Ahora falta por ver cómo lo utiliza. Claro, su plan evocará una frase cinematográfica: Que la fuerza te acompañe.

 

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