Protección a delincuentes, política humanista de la 4T

José Luis Parra

Si en estos momentos aparece un aspirante a candidato presidencial prometiendo contener y disminuir los altos índices de violencia, de inmediato cosecharía miles de simpatías, quizá millones. De esta magnitud es el problema. El país sangra por la violencia y al parecer el presidente López Obrador no lo ve, sobre todo cuando declara: “Cuidamos a los elementos de las Fuerzas armadas, de la Defensa, de la Guardia Nacional, pero también cuidamos a los integrantes de las bandas, son seres humanos”.

Un presidente nunca debería brindar protección a delincuentes.

Al menos en forma pública.

Por eso la declaración generó demasiados comentarios del ciudadano común, sobre todo a que somos un narco Estado, y quién nos cuida a nosotros, etc., etc., etc.

No, señor presidente, eso no es una política humanista.

Es complicidad con grupos criminales.

La defensa de los dictadores de otros países lo dejó pasar un buen sector de la población. Pero no lo de la declaración de protección a delincuentes. Todo esto surgió a raíz de una persecución de unos belicosos michoacanos a un convoy militar. Después se informó que esas personas custodiaban unos laboratorios de drogas. Michoacán es un enclave de los ingredientes para elaborar metanfetaminas.

Antes respetado por todos los mexicanos, hoy el Ejército es humillado por delincuentes. La orden es dejarse humillar antes de intentar defenderse, ya no digamos disparar en legítima defensa. El descontento entre las fuerzas armadas debe ser brutal, sobre todo cuando los beneficiados por la política del régimen es un pequeño grupo de generales.

El culiacanazo no se olvida.

Está presente en la mente de muchos mexicanos.

Esta fue una decisión que propició pérdida de confianza.

Después vimos que desapareció un grupo de investigación que mantenía estrecha colaboración con la DEA en materia de narcotráfico.

A ello se suma la polémica con la falta de seguridad de inversiones extranjeras en el sector energético que violan disposiciones del nuevo tratado de libre comercio con Estados Unidos y Canadá.

Y más, muchas más desavenencias con el Tío Sam, como la amenaza de no asistir a la Cumbre de las Américas, porque el país anfitrión, Estados Unidos, no había invitado a Cuba, Nicaragua y Venezuela.

Bueno, México tiene una gran ventaja en sus relaciones comerciales con estos países. Ni cómo comparar esas ventajas con Estados Unidos, simplemente porque con el vecino país hay un comercio de 660 mil millones de dólares anuales, unos dos mil millones diarios. Y que México recibe más de 50 mil millones en remesas de los mexicanos que viven en la Unión Americana, cuya cifra se estima en unos 30 millones.

No debemos olvidar la crisis de 1995 cuando el gobierno estadounidense y el Fondo Monetario Internacional armaron un paquete de rescate por 50 mil millones de dólares para apoyar a México.

Pero hay un gran amor con los dictadores de esos países.

Un detallito: También debemos recordar que México ingresó a la lista de países “híbridos”, o sea con tendencia al autoritarismo, de acuerdo a una publicación del periódico The Economist.

En ese acercamiento ya hasta pagamos la visita de médicos cubanos que vendrán a vacacionar a nuestro país o destinamos apoyo financiero a El Salvador para que su presidente pueda jugar al mercado de las criptomonedas.

Todo el apoyo a los hermanos dictadores.

Y con Estados Unidos, relaciones tirantes.

Aunque la liguita ya se estiró demasiado. Y está a punto de romperse.

 

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