La alberca de José Ramón

Juan Ignacio Zavala

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Las fobias del Presidente encuentran salida en las bajas pasiones que experimenta cuando habla de Carlos Loret. Es claro que al Presidente no le interesa hablar sobre el periodismo ni defenderlo, a él le interesa hablar de periodistas. Como es su costumbre, le interesa mal hablar de las personas que no piensan como él, culparlas de todos los males que aquejan al país. El esfuerzo sostenido que ha hecho para destruir instituciones es nada comparado con el odio que esparce contra las personas que considera sus enemigos. A los cercanos los expulsa del paraíso con su silencio, pero a los demás les dedica enormes cantidades de tiempo, esfuerzos y recursos públicos. La denostación es la política pública más destacada de este gobierno.

El caso de Carlos Loret es preocupante. No por el periodista, sino por el Presidente. La obsesión enfermiza del mandatario con el reportero habla de la poca responsabilidad con que conduce a la nación, la extraña priorización de los asuntos que le ocupan y la enorme frivolidad de un hombre que se siente personaje histórico. En su ridícula cruzada para lograr quien sabe qué, el hombre más poderoso del país ha exhibido planos y datos de las propiedades del reportero, que lo tiene tan molesto porque ha revelado las corruptelas y mentiras de los familiares del Presidente –primas, sobrinas, hermanos y hasta ahora un hijo–. Como una de las muestras de la falta de cuidado con que hacen las cosas en este gobierno y, particularmente llamativo, en la Presidencia del país, el Presidente se equivocó por más del doble en la cantidad de metros de una casa, lo mismo que le adjudica propiedades que no son del odiado periodista.

Entre que son lotes o son albercas, el Presidente ha admitido en los últimos días el escándalo de su hijo José Ramón. El Presidente dijo hace poco que él no pagaría la renta de 100 mil pesos que paga “el bodoque del bienestar” en Houston. Bueno, es un avance. Reconocer que su hijo lleva una vida de alto costo, muy por encima de lo que predica el Presidente respecto de la austeridad con la que se debe vivir. Esto deja en claro que la famosa ‘casa gris’, dada a conocer por el periodista de sus odios, ha tomado ya carta de naturalidad en Palacio Nacional y se habla sin rubor de los excesos del gandul presidencial.

La semana pasada el Presidente mencionó que el periodista tenía una casa con alberca y procedió a compararla con la de la casa que habitó su hijo. Loret –dijo el Presidente– tiene en Valle de Bravo “una mansión con una alberca que la casa esa que rentó José Ramón y su esposa pues parece una bañera comparada con la de Loret de Mola”. Bien, otro avance. Le parece que la alberca de la casa rentada por el haragán es algo llamativo. Por supuesto, uno entiende que el papá nos diga que la casa “la renta José Ramón”; es conmovedor, ni modo que diga que la señora –”que al parecer tiene dinero”– es la que paga y lleva los gastos del bodoque. La referencia del Presidente obliga a la imaginación y uno puede figurarse rápidamente al vástago presidencial lanzándose un clavado en la alberca de Loret y vaciándola apenas caer en la piscina. Tremendo cachalote.

Seguramente esta semana y la que entra el Presidente nos dirá que Loret pisó el mar en el que se zambulló Salinas de Gortari o que respira el mismo aire que Zedillo, Fox y Calderón. Esas son las prioridades de nuestro Presidente.

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