Violencia hasta en la Fiscalía de Justicia

La violencia persigue al gobernador Alfonso Durazo. Primero como responsable de la seguridad pública en el país y ahora en su calidad de Jefe del Ejecutivo en su estado natal. Obviamente no ha podido domar este potro bronco. Y si por la víspera se saca el santo, difícilmente lo hará en el mediano plazo.

Las estrategias para contener la violencia brillan por su ausencia. Los y las colaboradoras de Durazo no dan una. Pareciera que la fiscal Claudia Indira Contreras y la secretaria de Seguridad, Dolores del Río, son parte de la ornamenta política en el gabinete.

O sea están de adorno.

Si fuere el caso, que tendrían las manos atadas, mejor que renuncien.

Por amor propio.

Por vergüenza profesional.

En el caso de la fiscal está difícil. Fue nombrada por el congreso local para un período de nueve años en septiembre de 2018. De permanecer en el cargo estaría hasta 2027.

De las pocas salidas que tendría estaría por motivos de salud o jubilación. Una combinación se convertiría en una salida airosa.

Y las subalternas de la fiscal como que no ayudan mucho.

Ahí está el caso de la directora de Atención Temprana y Justicia Alternativa de la Fiscalía de Sonora, Beatriz Martínez Valencia, quien tendría como prioridad atacar objetivos personales, acaso por venganza o cumpliendo órdenes, por rencillas o agravios del pasado reciente.

O sea, del anterior sexenio.

Este reciclaje como que nada aporta al actual régimen.

Personajes enterados de estos asuntos dignos de un programa de variedades, señalan a Beatriz como una poderosa funcionaria que gusta de poner su pesada bota sobre el cuello de empleados.

Beatriz ya había estado en la Fiscalía, antes procuraduría. La despidió el ex subprocurador Carlos Castillo y la recontrató Claudia Indira.

Paralelamente a estas frivolidades, el gobernador Durazo trata de salir adelante mediante programas institucionales con participación ciudadana, como una red vecinal que busca paz y tranquilidad en la colonia Nuevo Hermosillo y zonas aledañas.

Para ello Durazo se hará acompañar de 102 hombres y mujeres de la Nuevo Hermosillo, Agualurca, Diligencias, Terranova, Arboledas, Manantiales, Las Carretas y Gala.

Ojalá esas 102 personas seleccionadas sean gente de bien, honorables, pero sobre todo que colaboren en contener los altos índices de violencia en una zona con pésima fama de la policía municipal asignada a este sector. Un datito que aquí se escribió hace algunos años: Un vecino llegó a su casa de la Nuevo Hermosillo y sorprendió a un grupo de ladrones en plena faena. Estacionó su carro de tal forma que las visitas no pudieran salir y llamó por teléfono a la policía.

Al acudir al lugar de los hechos, los municipales recomendaron al afectado que fuera a la central a poner su denuncia mientras ellos se hacían cargo de los ladrones. Al volver el afectado se encontró con la sorpresa que no había ladrones ni policías. Esta historia me la contó un amigo y vecino del afectado. Obviamente desde entonces ve a delincuentes y policías como parte del mismo problema.

Claro, no todos los policías están contaminados.

Pero con poquitos que estén en contubernio con la delincuencia, ningún programa podrá funcionar.

Las autoridades se acuerdan de este sector, todo un granero de votos, solo en tiempos de campañas electorales. Allí están los diputados electos en este distrito. Ninguno regresa y ni siquiera viven en el sur de Hermosillo. El 12 es un distrito caprichoso. Va de las colonias marginadas del sur y centro, como La Metalera, a la opulencia del norte, al final del bulevar Morelos. Así nunca habrá representatividad. Menos defensa de los intereses de la gente amolada, esa que reclama seguridad y es ignorada.

¿Hoy las cosas cambiarán, gobernador Durazo?