Va Por México, alianza acomodaticia y de conveniencia

Salvador García Soto

La oposición en México cada vez se parece más al Partido Moderado de la ficticia República de Arepa. Como en la obra extraordinaria de Jorge Ibargüengoitia, los opositores mexicanos, agrupados ahora en la Alianza “Va Por México”, sueñan con sacar del poder al líder supremo, pero en el fondo le temen al “hombre”. Y mientras públicamente despotrican contra él y su tiranía, a la hora de confrontarlo en las urnas y en la disputa frontal por los votos, se arredran, se rinden antes de tiempo y hasta terminan negociando en lo oscurito.

Un buen ejemplo de lo timoratos y tibios que son nuestros opositores es lo que van a hacer en las seis elecciones de gobernador que habrá este año en igual número de estados de la República: de las seis entidades en las que en cinco aventaja claramente Morena en las encuestas, la Alianza Va Por México decidió solo competir juntos en cuatro, de los cuales solo en Aguascalientes tienen posibilidades de ganar, porque en Hidalgo, Durango y Tamaulipas se ve muy difícil que tengan alguna posibilidad. En las otras dos elecciones de gobernador, la de Oaxaca y Quintana Roo, de plano se dividieron y con eso le están abriendo la puerta a Morena y a López Obrador, que en este año podría sumar hasta 21 gubernaturas bajo su control, las dos terceras partes de la República, calculando que gane cinco de las seis en disputa.

Y se puede entender que cada partido tenga sus intereses y que las alianzas no siempre son fáciles a la hora de negociar posiciones y candidaturas en las que entra también en conflicto la militancia de cada partido, pero si ya en 2021 los intereses, traiciones y mezquindades de los dirigentes de PAN, PRI y PRD les impidieron alcanzar la meta de romper la mayoría y el control de Morena en la Cámara de Diputados, ahora en los estados la historia se repetirá este 2022, en donde López Obrador y su partido se consolidarán como la fuerza hegemónica en los estados, mientras el panismo y el priismo se achican y pierden posiciones.

Con excepción de Aguascalientes, donde el control panista aún se ve fuerte, con todo y los pleitos y divisiones internas, la alianza opositora difícilmente peleará con posibilidades en Hidalgo, Tamaulipas y Durango, en donde además de las encuestas que siguen favoreciendo a Morena, está el factor de los gobernadores, especialmente los priistas que han demostrado ser dóciles y sumisos a la hora de enfrentar al lopezobradorismo en sus estados. Incluso Tamaulipas y Durango, gobernados por el PAN, no está claro si Francisco García Cabeza de Vaca o José Rosas Aispuro podrán dar la pelea o si optarán por negociar una salida decorosa, sobre todo en el caso del tamaulipeco que está totalmente comprometido por las órdenes de aprehensión federales que le esperan al término de su gobierno.

En donde de plano se ve claro que los gobernadores ya se rindieron antes de tiempo y no moverán un dedo por sus partidos es en Oaxaca y Quintana Roo. En el caso oaxaqueño está más que cantada la entrega de Alejandro Murat al presidente López Obrador y en Quintana Roo, Carlos Joaquín González ya entregó el estado con el apoyo abierto a la morenista Mara Lezama, sacrificando al PAN, mientras el PRI no quiso la alianza porque tampoco quería hacer ruido al avance del lopezobradorismo. Sería interesante saber si, como dicen en tierras quintanarroenses, los “cañonazos” del gobernador, de hasta 150 millones de pesos, tuvieron algo que ver en las decisiones del priismo y el panismo, pero por lo pronto, todo apunta a que ambos le quisieron limpiar el camino a la candidata de Morena.

El PRI de Alito Moreno de plano se bajó de la Alianza en Quintana Roo con anticipación, pero el PAN y PRD tenían la oportunidad de postular a un candidato popular como el actor y empresario Roberto Palazuelos, con el que seguro hubieran dado la pelea fuerte a Morena, pero de último momento decidieron que no irían con el llamado “diamante negro” y Marko Cortés, argumentando una petición del gobernador Carlos Joaquín, prefirió postular a Laura Fernández como su precandidata a la gubernatura estatal, a pesar de que en las encuestas ordenadas por los dos partidos Palazuelos había ganado tanto en nivel de conocimiento como en intención del voto.

A Roberto Palazuelos le ofrecieron, para que se hiciera a un lado, una diputación plurinominal que rechazó y ayer mismo el Movimiento Ciudadano de Dante Delgado anunció que el empresario era su precandidato a la gubernatura. Luego entonces la pregunta es obligada ante los comportamientos, decisiones y movimientos extraños: los partidos de la alianza “Va por México”, PRI, PAN y PRD, ¿juegan a ganar en las próximas elecciones o ganan por jugar?

Al paso que van, los opositores mexicanos terminarán siendo tan patéticos y torpes como los moderados de Arepa, y los Cortés, los Moreno y los Zambrano acabarán eternizando en el poder a López Obrador que, convertido ya en un remedo del Manuel Belaunzarán de Ibargüengoitia, cada vez hace ver más empequeñecidos y cómicos a los Cussirat, los Berriozábal y hasta Pepita Jiménez que fallan una y otra vez en sus alianzas y conspiraciones mientras el viejo león de Palacio sigue rebosante, sonriente y devorando a la República.

NOTAS INDISCRETAS… Hablando del Belaunzarán mexicano, ayer un procedimiento cardiaco de cateterismo, que le tuvo que ser realizado ante una anomalía encontrada en su último chequeo, llevó al presidente López Obrador a ser internado en el Hospital Central Militar, donde hasta anoche se reportaba “en perfecto estado de salud” aunque pasó todo el día hospitalizado. La pésima comunicación del vocero de Palacio, Jesús Ramírez Cuevas, generó confusión, rumores y especulaciones, cuando la noticia se filtró a los medios antes de que el gobierno informara cuál era la situación real de la salud presidencial. “Esta mañana el presidente Andrés Manuel López Obrador ingresó al hospital Central Militar de la Sedena para llevar a cabo una revisión médica de rutina programada”, dijo a las 16:15 horas el vocero presidencial. Ese estilo vago de decir mucho sin informar nada y los antecedentes de Ramírez que ha mentido en varias comunicaciones oficiales, hicieron que su tuit, lejos de acallar los rumores los acelerara al grado de que alguien revivió y circuló una nota de 2013 cuando López Obrador tuvo que ser internado de emergencia en el Hospital Médica Sur por un infarto al miocardio. Más bien otras fuentes, como el exvocero presidencial Carlos Salomón, trataron de aclarar las cosas diciendo en Twitter a las 19:04 horas: “Para quienes lo dudan, les digo que el presidente se encuentra muy bien!!”. Fue hasta casi las 8 de la noche que el secretario de Gobernación, Adán Augusto López, tuvo que salir a hacer el trabajo de los voceros de Palacio, para informar, en un comunicado que el presidente sí había sido internado a las 10:30 de la mañana para realizarle “estudios preventivos y rutinarios” que le practican cada 6 meses por sus antecedentes cardiacos como laboratorio, electrocardiograma, prueba de esfuerzo y tomografía. Uno de los resultados de esos estudios –Segob no precisó cuál–  preocupó a los médicos e hizo que ordenaran hacerle un cateterismo de emergencia al presidente que le fue practicado a las 16:30 horas. “En este procedimiento se encontraron el corazón y las arterias del presidente sanos y funcionando adecuadamente. No fue necesario realizar ningún tipo de intervención y fue un procedimiento breve que duró alrededor de 30 minutos”, explicó el titular de Gobernación, quien agregó en su comunicado que López Obrador “se encuentra en perfecto estado de salud y seguramente el día de mañana reanudará sus actividades con normalidad”. ¿Era tan difícil que el vocero presidencial informara eso, con esa claridad y transparencia desde temprano y evitara los rumores y especulaciones sobre la salud del presidente? Al parecer sí, pues está claro que muchos en este gobierno están o por lealtades incondicionales o por cuatismo o de plano porque “son honestos”, según el presidente, pero la capacidad y conocimiento de sus áreas no son su fuerte… A propósito de la comunicación presidencial, ayer quedó exhibida la tendencia del gobierno de la 4T a maquillar y minimizar la realidad cuando ésta no les favorece. Y es que después de la visita de la secretaria de Energía de Estados Unidos, Jennifer Granholm, que estuvo el jueves por la tarde reunida en Palacio con el presidente López Obrador y su gabinete energético, la información que dio el gobierno de México fue de un encuentro “cordial” casi color de rosa, en el que, según la secretaria Rocío Nahle, “a Estados Unidos no le preocupa la Reforma Eléctrica” del presidente López Obrador. Salvo la instalación de algunas mesas de negociación con empresas estadounidenses y canadienses que se han quejado de afectaciones y violaciones al TMEC y al Estado de Derecho con la reforma lopezobradorista, de lo que informó este mañana el presidente en su conferencia mañanera donde todavía dijo “son pocas empresas”, por la tarde, la Embajada de Estados Unidos en México y la Secretaría de Energía de Estados Unidos encueraron la endulzada versión de la Presidencia mexicana y aclararon en un comunicado que “en cada reunión, transmitimos expresamente las preocupaciones reales de la administración Biden-Harris sobre el potencial impacto negativo de las reformas energéticas propuestas por México, a la inversión privada”. Es decir, que sí hubo, cortés y diplomáticamente por supuesto, quejas y preocupaciones ante la reforma eléctrica de López Obrador expresadas por la secretaria Granholm y sí se habló de riesgos “potenciales”, pero riesgos al fin de afectaciones a las inversiones estadounidenses en el sector energético. ¿Por qué ese afán de minimizar y manipular la realidad? ¿Eso no es una forma de mentir?… Los dados cierran la semana con Serpiente. Vuelven a girar el lunes.

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