La forma en que se abordan los problemas actuales de México da lástima y lastima al carácter más fuerte. Sí, es triste ver cómo la crítica se centra en si el gobierno es una sucursal de Hollywood que recrea el movimiento de un tren y las y los políticos defienden la veracidad del hecho sin simuladores y hasta con cátedra sobre el manejo de filmaciones. Mientras, el mexicano sufre la inflación cada vez que hace sus compras. Y nadie lo defiende.

¿Por qué la clase política no defiende al mexicano?

Exacto, porque no es tiempo de campañas políticas.

Al nopal se le arriman cuando tiene tunas.

Qué lástima… que el pueblo no alza su voz para defenderse.

Si la clase política no lo hace, el remedio es la autodefensa.

La unión hace la fuerza, reza el muy trillado slogan utilizado por políticos, pero que pueden hacer suyo los mexicanos decepcionados.

En lugar de ver si el pueblo se organiza, vemos a dos de los principales partidos políticos, PRI y PAN, luchando por su sobrevivencia. Y con ellos el PRD arrastrando la cobija, ya en sus estertores de la muerte. Muy débil hasta para toser.

Y en ese patético escenario lucen una aparente felicidad los supuestos ganones, Morena, MC, Verde, PT y algunos más que no vale la pena mencionar.

Nadie, absolutamente nadie, defiende a ese pueblo sabio y bueno que utilizan en campañas y el resto del tiempo los olvidan.

En esa decepción, los dirigentes de la partidocracia ya hacen sus cuentas para la siguiente elección y extienden sus mercados de futuro hasta el 2024.

Por eso lastima este injusto sistema de partidos.

Mientras al contribuyente cautivo lo agarran con fórceps para que aporte más a la causa y seguir manteniendo este sistema de partidos.

Y ese pueblo bueno y sabio también contribuye con el impuesto al consumo, ése del que nadie se salva.

Por eso hay injusticias.

Por eso México es el país de las desigualdades. Siempre estamos rankeados en los primeros lugares. Aquí somos atletas de alto rendimiento. Claro, gracias a nuestro entrenador, el gobierno.

El presidente López Obrador prometió que desaparecería las inútiles diputaciones plurinominales. No lo ha hecho, aunque sería un buen inicio para logar la igualdad. Al parecer los partidos defienden con fuerza sus prerrogativas.

Si realmente AMLO quisiera defender al pueblo decretaría que los partidos políticos, para conservar su registro, deben obtener como mínimo el 10 por ciento de la votación general.

Y que cada partido se rasque con sus uñas. O sea, cero financiamiento público.

Con ese ahorro el actual régimen podría aumentar sus programas sociales.

Y, por qué no, echar a volar un programa de dispensadores de alimentos básicos que funcionarían con una tarjetita entregada gratuitamente por el propio gobierno. Los dispensadores podrían ser aportados por los proveedores. Y de esa manera se ayudaría más eficazmente a los pobres. Leche, huevos, tortillas, frijoles, serían buenos artículos para empezar.

Este programa, si lo adoptara el Gobierno de Sonora, pondría en las nubes a Alfonso Durazo.

¿A poco lo duda?

Pero la realidad es que el gobierno local batalla hasta para pagar aguinaldos.

El primer mundo está muy lejano, en otra galaxia.

Como que ya es tiempo que aparezcan justicieros.

O al menos defensores del pueblo… aunque después se conviertan en políticos.