Ni Alejandro Gertz Manero ni Santiago Nieto Castillo son miembros del gabinete presidencial. El primero es fiscal general de la República, un puesto que en teoría es autónomo del Ejecutivo federal. El segundo fue el jefe de la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF); hace poco lo orillaron a renunciar a su cargo. Así que, en estricto sentido, el presidente López Obrador no tiene vela en el entierro de la pelea entre estos dos personajes.

No es así. En la práctica sabemos que Gertz no tiene nada de autónomo. Su cercanía en Palacio Nacional es pública y notoria. Nieto, por su parte, era una de las fichas fundamentales de López Obrador para combatir la corrupción y presionar a sus adversarios políticos, aunque tuvo que irse de este puesto clave porque al Presidente le disgustó su boda. Así que, quiérase o no, lo que está sucediendo con estos dos personajes sí afecta la imagen presidencial.

Cuando Nieto todavía estaba a cargo de la UIF, era conocido el enfrentamiento con Gertz. La pelea fue escalando hasta este lunes en que se filtraron acusaciones de patrimonios muy sospechosos de ambos.

Reforma publicó las tres propiedades que ha comprado Nieto desde que comenzó el sexenio. El exfuncionario ha respondido que se endeudó para tal propósito. La pregunta es si el ingreso que tenía como titular de la UIF, más el de su cónyuge, quien es consejera del INE, alcanza para pagar las mensualidades de estas deudas.

Al mismo tiempo, El Universal informaba que la UIF estaba investigando la riqueza de Gertz: de dónde había obtenido los recursos para comprar 122 automóviles en un año y otras transferencias bancarias de varios millones de pesos, todo ello antes de este sexenio. El fiscal ha declarado que él está “limpio” y dispuesto a comparecer ante el Senado. La pregunta es si la riqueza de Gertz es bien habida o no.

No hay que ser un genio para adivinar que Gertz filtró la información sobre Nieto y viceversa. A eso ha llegado el pleito entre estos dos personajes tan emblemáticos de este sexenio.

Y aunque el Presidente puede argumentar que la pelea no involucra al Poder Ejecutivo, lo cierto es que envía un mensaje de desorden dentro de la coalición gobernante. Parece que no hay nadie que controle las pasiones de un lado y otro. Queda, por tanto, la imagen que Palacio Nacional no tiene las riendas del control gubernamental.

Y más que ser una responsabilidad del Presidente, este tipo de asuntos los tienen que atajar y resolver sus operadores políticos, en este caso, el secretario de Gobernación, Adán Augusto López Hernández, responsable de procurar la paz interna dentro de la llamada Cuarta Transformación.

La bronca entre Gertz y Nieto también demuestra el gran problema que ha tenido esta administración para perseguir judicialmente a los corruptos del pasado y del presente. La FGR y la UIF deberían ir en tándem con el fin de meter a la cárcel a aquellos que abusaron del poder para enriquecerse. Pedalear juntos con el fin de mover la bicicleta del combate a la corrupción. Pero, si en lugar de eso, los dos ciclistas se están peleando entre ellos, la bicicleta se cae.

El resultado es un atorón en el principal problema que el Presidente prometió resolver durante su sexenio: la corrupción. En lugar de estar hablando de cómo se está armando una carpeta para procesar a un exfuncionario por enriquecimiento inexplicable, henos aquí hablando de un posible enriquecimiento inexplicable, pero de Gertz Manero y Nieto Santiago. Ridículo.

Las posibles consecuencias de esta pelea ya tan pública pueden ser enormes para el gobierno. Al fin y al cabo estamos hablando de dos personajes que cuentan con información privilegiada con gran potencial de perjudicar a mucha gente. No se puede menospreciar los posibles daños colaterales del enfrentamiento entre Gertz y Nieto.

En última instancia, creo que, hoy por hoy, Nieto es el que tiene más que perder en este enfrentamiento porque ya salió del gobierno. No cuenta con apoyo institucional. Gertz, en cambio, tiene a su disposición todo el aparato de la FGR. Eso siempre y cuando se mantenga en el puesto, lo cual depende de López Obrador. Hasta ahora, el Presidente lo sigue apoyando. Pero si la pelea sigue escalando y el escándalo se torna cacofónico, Andrés Manuel López Obrador podría retirarle la confianza y mandarlo a la banca, tal y como lo hizo con Nieto. La pregunta es si hasta aquí llegará la pelea o veremos más rounds.