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Bisturí , de José Luis Parra:

Inflación y deuda, rivales de cuidado para Durazo

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Es poco tiempo aún, pero el gobernador Alfonso Durazo no muestra un estilo definido para gobernar Sonora. Hasta el momento se ha dedicado a tirar jabs de estudio ante un peligroso rival: Kid Incertidumbre.

Por ello ignoramos si su estilo de pelea será el de un estilista de boxeo científico o bien el de un fajador.

Por ahora vemos a un gobernador serio, cauteloso, reflexivo, pero sin dar color sobre su estilo en el encordado.

Su sello, se supone, será la austeridad.

Si la tijera se orienta a la excesiva burocracia debe tener presente que a Eduardo Bours, cuando despidió a más de dos mil empleados, le fue de la patada. Las demandas se presentaron por todas partes y hubo muchas reinstalaciones.

Bajar sueldos y prestaciones podría ser una opción más tranquila.

Pero a las percepciones de los altos funcionarios, no sobre recortes a retroactivos en los cheques de pensionados y jubilados o de empleados de bajo nivel. Por allí vino la guillotina al tomar las riendas hacendarias el nuevo gobierno.

¿Y las pensiones millonarias fueron tocadas?

Para nada.

Este sería un tema divertido en la maraña de intereses que cuidan en el Congreso del Estado.

Por lo pronto Durazo enfrenta a dos problemas mientras define su estilo de gobernar:

Es Sonora primer lugar nacional en inflación.

Y también ocupa el cuarto lugar nacional de los estados con mayor diferencia entre su gasto en obra pública y lo que destinan al pago de pasivos durante 2021.

El problema de la deuda es un verdadero cáncer que aumenta año con año, sexenio a sexenio.

En este modesto espacio lo hemos comentado en varias ocasiones: Un gobernante con reales deseos de llevar obras de beneficio colectivo a la ciudadanía, primero debería enfocar baterías a disminuir la deuda y dejar leyes para los que vienen ya no puedan endeudarse.

Así de simple.

Así de sencillo.

Claro, habría que vender bienes para remediar males.

Pero ya estamos acostumbrados a ver que venden bienes y no se curan males.

El problema de la deuda pública es mayor.

El propio Durazo lo reconoció: Es urgente estabilizar las finanzas del gobierno del estado, que actualmente (en marzo pasado) se encuentran en bancarrota. La deuda pasó de 14 mil millones en la anterior administración a 28 mil millones de pesos.

Mucha deuda, mucha lana por pagar.

Ahora, ya con acceso a las cuentas del erario, habría conocido realmente la magnitud del problema.

Se supone que por la deuda y sus intereses por pagar no tiene mucho margen de maniobra.

Esta es la lista recortada de los peorcitos en la materia:

Como se ve, al menos destacamos en algo.

Por lo pronto la inflación sigue mermando los ingresos de la clase trabajadora.

Aquí hay que tener mucho cuidado, sobre todo por los caprichos en la renovación de mando en el Banco de México, que entre sus obligaciones está el de fortalecer el peso y combatir la inflación.

La inflación actual, según los expertos, es resultado de “un cúmulo de choques continuos que comenzaron antes de la pandemia y cuyos efectos trascenderán a ésta”.

Lo cierto es que las presiones inflacionarias van a la alza.

La inflación es el impuesto de los pobres.

Pero preocupa a los ricos.

Nos debe preocupar a todos.

Sobre todo ahora que Sonora es líder nacional en la materia.