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El bombazo

Pascal Beltrán del Río

Durante más de un año, los socios del restaurante Barra 1604, de Salamanca, Guanajuato, calentaron a través de Facebook la apertura del negocio, con imágenes de sus platillos de “comida gourmet”, conciertos de DJ virtuales y cursos de mixiología.

Decorado con catrinas, el local del bulevar Faja de Oro se inauguró el 4 de abril pasado y, en poco tiempo, Barra 1604 se convirtió en uno de los restaurantes más concurridos de la ciudad, con un ambiente totalmente familiar.

El domingo pasado, se festejaba ahí el cumpleaños del gerente Mario Alberto Hernández Cárdenas. En fotos subidas a la página de Facebook del restaurante, éste aparece sonriente, rodeado de meseros y colaboradores.

A eso de las 5 de la tarde, Hernández Cárdenas salió del local para recibir un supuesto regalo que llegó a bordo de la motocicleta blanca de un servicio de mensajería, en la que iban un hombre y una mujer. El gerente salió acompañado de su socio, Mauricio Romero Morales y cuatro meseros.

El paquete que le entregaron era una caja de madera decorada con globos y serpentinas. Apenas lo recibió, decidió abrirlo y entonces se produjo una explosión. Los cuerpos de Hernández Cárdenas y Romero Morales, quedaron tendidos en la calle. Otras personas resultaron heridas, entre ellas el mensajero. Pronto comenzaron a circular imágenes dantescas en las redes sociales.

De acuerdo con una versión, horas antes del ataque se recibió un mensaje escrito en el restaurante, urgiendo a los socios a comunicarse. Se trataría de un aviso de extorsionadores que exigían que se les pagara el derecho de piso. Aparentemente el mensaje no habría sido respondido.

A reserva de que las investigaciones arrojen datos precisos sobre las motivaciones del atentado, llama la atención que los responsables hayan elegido una bomba para matar a alguien.

Lo digo porque todos los días asesinan a decenas de personas en el país —incluyendo dueños de negocios que se niegan a pagar la extorsión— de formas mucho menos sofisticadas. Incluso, en diciembre pasado, Aristóteles Sandoval, exgobernador de Jalisco, fue alcanzado por un sicario en el baño de un restaurante en Puerto Vallarta para matarlo por la espalda, sin importar que hubiera dos guardaespaldas a corta distancia.

También ha sido común que la manera de castigar a quienes no pagan la “protección” de los extorsionadores sea quemar el negocio, como sucedió en el casino Royale, de Monterrey, hace una década.

¿Por qué entonces recurrir a una bomba y realizar el ataque en plena fiesta de cumpleaños de la víctima? Por ahora sólo podemos especular, pero parece lógico que los homicidas hayan querido hacerse notar y enviar un mensaje.

¿Es eso terrorismo? Desde el sentido común, podemos decir que sí porque el objetivo parece ser sembrar el terror, igual que sucedió con el ataque al azar contra civiles en Reynosa hace tres meses. No obstante, para que así pueda calificarse el bombazo de Salamanca desde el punto de vista legal tienen que cumplirse una serie de condiciones. Y, además, no parece haber mucho apetito de la autoridad para llegar a esa conclusión. Dicho eso, no es la primera vez que el crimen organizado recurre al uso de explosivos. No podemos olvidar el coche bomba que estalló en Ciudad Juárez en julio de 2010 y los granadazos en Morelia la noche del Grito de 2008. En tiempos más recientes, los grupos delictivos han usado drones cargados de granadas o proyectiles de mortero.

Allí mismo en Salamanca van dos veces, en enero de 2019 y junio de 2020, en que aparecen vehículos cargados de supuestos explosivos cerca de la refinería Antonio M. Amor. Y en Irapuato, en diciembre de 2019, estalló un coche bomba cerca de un anexo para adictos, sin dejar víctimas.

¿Estamos viviendo una escalada de violencia por parte del crimen organizado, en la que los asesinatos irán acompañados de espectacularidad? ¿La intención de los atacantes de Salamanca fue crear pánico entre los ciudadanos comunes?

Sin duda es pronto para tener respuestas claras a esas y otras preguntas que deja este bombazo. Para cerrar la puerta a la especulación —como pidió ayer el presidente Andrés Manuel López Obrador— urge que la autoridad conduzca una investigación rápida que no deje lugar a dudas.

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