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El regreso a las escuelas costará vidas de niños y adolescentes…

Juan Pablo Becerra Acosta

No está a debate ya: los bebés, los niños y adolescentes sí pueden contagiarse a causa del coronavirus. Sí se enferman de la Covid-19. Sí pueden ponerse graves. Y, desgraciadamente, sí pueden morir.

Aquello de: “En el mundo NO existe evidencia de epidemia de Covid-19 en menores de edad” (sic), que publicó el 12 de agosto el gobierno de México en su cuenta de Twitter, es falso. La pandemia sí abarca a los menores de edad.

Quien a estas alturas de la desgracia diga que el regreso a clases no pone en riesgo a los menores de edad, profiere una falacia, e interpreta otro nuevo capítulo de esa tragicomedia llamada “Política mata a ciencia”.

Aquí están los datos duros: de acuerdo a gráficas y notas elaboradas para Gaceta UNAM por el Doctor en Ciencias (Matemáticas) por la UNAM, Arturo Erdely, con base en los datos abiertos de la Secretaría de Salud de México hasta el 17 de agosto de 2021 (https://www.gaceta.unam.mx/la-unam-responde-dudas-de-la-sociedad/), desde que inició la pandemia ha habido más de 138 mil casos positivos de SARS-CoV-2 entre bebés, niños y adolescentes.

Copio parte de lo publicado ahí: “Se trata de casos confirmados acumulados en menores de edad, de los cuales 7 mil han requerido hospitalización en todo México a causa de la enfermedad Covid-19. Lamentablemente, en el país ha habido 725 defunciones confirmadas por ese padecimiento”.

La tercera ola de esta pandemia cada vez es más peligrosa para los menores de edad. Vuelvo a compartir lo de Erdely en Gaceta UNAM:

“Por grupos de edad, durante la actual tercera ola de contagios los menores de 6 años han cuadruplicado el número de casos positivos con respecto al peor momento que vivieron durante la segunda ola. Los niños de 6 a 11 años han triplicado el peor momento de la segunda ola. Y los adolescentes de 12 a 17 años han duplicado su peor momento de la segunda ola. En cuanto a hospitalizaciones, los tres subgrupos de edad también ya superaron, en la actual tercera ola de contagios, su peor momento vivido durante la segunda ola”.

Y a pesar de esos datos duros, el pasado 10 de agosto el subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López-Gatell, aseguró que no existe “sustento científico” para decir que la tercera ola por coronavirus está afectando en mayor medida a la población de niños y adolescentes. Cada quien es rehén de sus dichos.

En fin. La pandemia está en su momento de mayor aceleración de contagios y muertes, de acuerdo a las cifras oficiales de la propia Secretaría de Salud. ¿Qué hacemos? ¿Que de todas maneras vayan los niños a las aulas, muchas de éstas carentes de agua, de jabón, sin ventilación adecuada ni espacio suficiente para que los alumnos guarden sana distancia durante horas?

¿No sería mejor esperar a que avance más la vacunación en todo el país? ¿No sería más conveniente iniciar clases presenciales en enero?

Malaquías López Cervantes, académico del Departamento de Salud Pública de la Facultad de Medicina de la UNAM, ha manifestado que el gobierno debería adelantar la vacunación anti-Covid en menores de 12 años en adelante. “No es necesario que haya millones de contagios y defunciones en estos grupos para considerarlo alarmante, por eso las autoridades deberían priorizar la aplicación de dosis anti-Covid en estas poblaciones. Si se quiere alcanzar la inmunidad de rebaño, tantas veces mencionada, es necesario vacunar a niños y adolescentes”, ha dicho a EL UNIVERSAL (https://www.eluniversal.com.mx/nacion/contagios-de-covid-19-en-ninos-se-…).

Mucha gente dice que el daño emocional por el encierro ha sido muy severo. Cierto, apenas estamos atisbando los estragos emocionales. Que la violencia intrafamiliar ha sido tremenda con ellos. Verdad. Que han aumentado embarazos en menores. Sí. Terrible. Seguro que estar en las escuelas les haría mucho bien a los niños.

También alegan los pro-clases en escuelas que el confinamiento es insostenible. Perdón, pero eso habrá sido antes, hace varios meses, porque desde hace semanas muchos niños están con sus padres en las calles, en mercados, en centros comerciales, en parques, en cines, en tiendas, y no pocos adolescentes andan en fiestas, graduaciones, de viaje en autobuses, aviones, playas y hoteles, por no hablar de quienes (los menos) se aventuraron rumbo al extranjero. Es decir, son posibles focos de contagio.

Qué difícil decisión para los siguientes nueve días. ¿Mando o no a mis hijos a los colegios?, se preguntan millones de padres. ¿Y si se contagian? ¿Y si se ponen graves? ¿Y si mueren?

Yo nada más planteo: por no esperar hasta enero, ¿quién se va a hacer cargo de los fallecimientos de niños y adolescentes que podrían surgir como como consecuencia del regreso a las aulas?

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