Si hay estrategia, Morena podría perder la mayoría

Enrique Quintana

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Era muy importante para el presidente López Obrador que, su nombre o el de los expresidentes, estuvieran asociados a la boleta electoral del 6 de junio.

Por eso la búsqueda de que la revocación de mandato o la consulta popular coincidieran con la elección.

En las pocas veces que el bloque de contención ha funcionado en la Cámara de Senadores, se impidió la reforma constitucional que lo hubiera hecho posible.

A un político tan avezado como AMLO, las tendencias que se observan ahora en cuanto a intenciones de voto no deben haberle sorprendido.

Sabía que Morena y sus aliados probablemente no tuvieran ni la fuerza ni la disciplina para capitalizar el respaldo ciudadano al presidente, que supera ampliamente la intención de voto por Morena.

Pero, permítame recordarle algunas cifras.

En 2018, López Obrador recibió 53.2 por ciento de los votos totales. El porcentaje más elevado para un candidato ganador desde el triunfo de Miguel de la Madrid en 1982 (cuando las elecciones eran otra cosa).

Ese porcentaje, y no solo su triunfo, hizo trizas los arreglos políticos en México, pues las reglas estaban pensadas más bien para situaciones en las que los gobiernos no tenían las mayorías absolutas en las cámaras.

En 2018, Morena obtuvo apenas 37.1 por ciento de la votación a la Cámara de Diputados. Sumando los votos de sus aliados, logró 48.3 por ciento del total.

Sin embargo, sumando a sus partidos aliados, obtuvo originalmente 326 asientos, lo que representa 65.2 por ciento del total.

Luego logró sumar a algunos diputados de otros partidos y consiguió tener más de 66 por ciento, obteniendo la mayoría calificada o constitucional.

Hoy se ve muy complicado repetir ese escenario.

De acuerdo con la más reciente encuesta de El Financiero, Morena tiene 40 por ciento de la intención de voto para diputados, ligeramente por arriba de la cifra de 2018.

Sin embargo, no se ve probable que ninguno de los nuevos partidos obtenga el registro. Y en caso de que lo consiguieran, lo más probable es que fuera a costa del voto de Morena.

Considerando entonces los votos estimados del PVEM y el PT, el porcentaje subiría a 46 por ciento, ligeramente por debajo de los registros de 2018.

Concediendo que en la asignación de plurinominales obtuvieran el máximo de 8 puntos adicionales que fija la Constitución, podrían aspirar a 54 por ciento.

Si, por alguna razón, hay una pérdida de más de 4 por ciento en los votos por los diputados, Morena no llegaría ni a la mayoría absoluta.

Faltando apenas 24 días de las campañas electorales, los partidos que sean capaces de identificar en dónde están los distritos electorales o las regiones en las que pueden obtener ganancias en el margen, y que, además, puedan empujar su campaña en esos puntos, son los que tienen mayor probabilidad de lograr los avances más redituables en esta recta final.

A estas alturas ya resulta poco rentable electoralmente tratar de ampliar la ventaja en estados o distritos en los que el margen es amplio para cualquiera de los contendientes.

Ya ingresamos a la etapa en la que se requieren microestrategias para incidir en algunos resultados clave y por lo mismo, la información que las respalde debe ser cada vez más granular, es decir, lo más específica posible.

Quizás la historia hubiera sido muy diferente si el presidente López Obrador hubiera estado en las boletas de alguna manera. Pero no ocurrió.

Y vienen tres semanas en las que lo que hagan o dejen de hacer los partidos y candidatos va a ser determinante para el resultado del 6 de junio.

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