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Estados Unidos, conmocionado por su loco

MIAMI, Florida.- Estados Unidos amaneció atónito por las consecuencias de haber elegido a un loco como presidente de la República.

Su condición (de locura) no es calificación mía, sino que fue expuesta ayer por su compañero de partido, el representante republicano por Illinois que lleva diez años como parlamentario federal, Adan Kizinger. Dijo en un video que difundió su oficina:

“Todo indica que el presidente se ha desentendido no sólo de su deber, o de su juramento, sino de la realidad misma… El presidente no está en condiciones, no se encuentra bien. El presidente debe ceder el control del Poder Ejecutivo de manera voluntaria o involuntaria”.

Las renuncias en el gobierno se sucedieron en cascada, mientras miembros del gabinete iniciaban pláticas privadas para destituir al presidente, luego del asalto al Capitolio que dejó cuando menos cuatro personas muertas.

“Es sólo el comienzo de la lucha”, dijo ayer Donald Trump en un mensaje videograbado en el que ofreció la transición ordenada del poder e insistió en la teoría del ‘fraude electoral’.

La salud emocional del presidente está en el centro de los comentarios, al tiempo que personalidades de ambos partidos, así como los dos principales diarios del país, se pronuncian por su destitución y enjuiciamiento penal.

William Barr, hasta hace unos días su genuflexo fiscal general, de plano llamó “traidor” a Donald Trump.

Dijo el exsecretario de Justicia, en un comunicado leído por su vocero, que “orquestar una mafia para presionar al Congreso es imperdonable. La conducta ayer fue una traición a su oficina”, expresó Barr.

El líder de los demócratas en el Senado, Charles Schumer, exigió la destitución inmediata del presidente, ya sea por acuerdo de su gabinete con el vicepresidente Pence, o por juicio político del Congreso.

Schumer, que encabezará la nueva mayoría en el Senado, expuso que “el miércoles hubo una insurrección contra Estados Unidos, incitada por el presidente”.

Chad Wolf, secretario interino de Seguridad Nacional, fue más cauto, pero dio su punto de vista y pidió a su jefe, Trump, que condenara de manera inequívoca la violencia, cosa que no ocurrió. “Algunos partidarios del presidente usan la violencia para lograr sus fines políticos. Esto es inaceptable. Lo que sucedió ayer fue trágico y repugnante”.

Otro republicano destacado, John A. Boehner, expresidente de la Cámara de Representantes, expuso: “La invasión de nuestro Capitolio por una turba, incitados por las mentiras de algunos encargados del poder, es una vergüenza para todos los que se sacrificaron para construir nuestra república”.

El poderoso senador republicano por Florida, Marco Rubio, que había mantenido silencio en estos meses, pero votó en contra de todas las propuestas de anulación, subió a Twitter el siguiente mensaje, duro y lacónico, dirigido a sus electores:

“Algunos te engañaron. Que el vicepresidente puede rechazar papeletas. Que las objeciones podrían pasar o usarse como palanca para forzar una auditoría (de la elección). Sabían la verdad, pero pensaban que era una excelente manera de llamar la atención y recaudar dinero”.

En efecto, el miércoles, mientras sus huestes asaltaban el Capitolio, Donald Trump pedía dinero para “la resistencia” al fraude.

Marc Zuckerberg, director ejecutivo de Facebook, emitió ayer un comunicado por el cual suspende de manera indefinida el acceso del presidente de Estados Unidos a esa red.

“Creemos que los riesgos de permitir que el presidente continúe utilizando nuestro servicio durante este periodo, son demasiado grandes”.

Sí, Zuckerberg le puede quitar a Trump una llave de difusión a sus fake news, pero el presidente aún conserva su acceso a los botones nucleares en su oficina.

The New York Times, en su editorial institucional, calificó el asalto orquestado por Trump como “un golpe demoledor a la imagen democrática de Estados Unidos”.

Fue más allá: “El presidente debe rendir cuentas a través de procedimientos de acusación o enjuiciamiento penal, y lo mismo sus partidarios”.

Para The Washington Post, “la negativa del presidente Trump a aceptar su derrota electoral y su implacable incitación a sus partidarios llevaron el miércoles a lo impensable: un asalto al Capitolio de Estados Unidos por una turba violenta que abrumó a la policía y expulsó al Congreso de sus cámaras. La responsabilidad de este acto de sedición recae directamente en el presidente, quien ha demostrado que su permanencia en el cargo representa una grave amenaza para la democracia estadounidense”.

Los estadounidenses jugaron con fuego hace cuatro años al elegir a un megalómano que desprecia a las instituciones. Hoy lo lamentan hasta sus propios compañeros se aventura. Demasiado tarde.

Estados Unidos bebió la cicuta del populismo.

“Este país ya está empingao”, dijo mi entrevistado cubano en el Parque del Dominó hace cuatro meses.

Por su aspecto pensé que era brujo. Pero no, resultó profeta.

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