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Ni todo era malo ni todos eran corruptos. Es una verdad difícil de comprender y una realidad que, al parecer, tiene limitado su alcance, al menos en la 4T. Justo ésta es la razón por la que uno de los programas más exitosos, herencia de administraciones pasadas, dejó de existir. El Seguro Popular acercó a millones de ciudadanos en condiciones más vulnerables a los servicios de salud. Hizo innecesarias las cuotas rigurosas y las cotizaciones como vía de acceso. Puso al sector salud como un elemento primordial en cuanto a prestación de servicios. Entre 2012 y 2018, este programa duplicó su base de afiliados, de 13 millones a 26 del total de casi 54 millones de personas que contaban con esa cobertura. Entonces fue una cifra récord. El programa funcionaba, la administración del hoy presidente, Andrés Manuel López Obrador, tenía mejor margen de maniobra si lo que buscaba era la reestructura de éste para alejarlo de la sombra del “neoliberalismo”.

La pregunta que hoy se hacen en muchas partes del país es qué culpa tenían los beneficiarios del extinto programa. La llegada del Instituto de Salud para el Bienestar ha traído más incertidumbre que respuestas. Si bien, un acierto, la reducción de requisitos y la agilización del proceso convierte al Insabi en una herramienta mucho más accesible, desde el 1 de enero la sombra de las deficiencias cubre a éste, uno de los programas que debió arrancar con todo, no sólo porque fue una de las promesas de López Obrador, sino porque hablamos de los servicios de salud, donde un minuto o el cambio más ligero puede traer consecuencias irreversibles en la vida de las personas.

“Lo que se busca es que esta atención médica sea cada vez mejor, porque no se puede resolver el problema del mal servicio médico en instituciones públicas sólo con una ley. Esto tiene que ver con el que haya medicinas en los centros de salud, en las unidades médicas rurales, en los hospitales, es decir, que no falten medicamentos, tiene que ver con que haya doctores, que haya especialistas, tiene que ver con que haya espacios, camas suficientes, tiene que ver con la atención que se ofrezca a todos los ciudadanos…”, dijo el Presidente en la primera conferencia del año en Palacio Nacional.

Una semana después, hubo protestas en el Estado de México porque sus beneficiarios no saben y nadie les informa cuál será la operación de este nuevo programa. Lo reportamos ayer en Imagen Noticias: algunos pacientes han tenido que comprar algunos insumos para su atención, peor aún, algunos desconocen la desaparición del Seguro Popular y el cambio en el esquema del servicio. Sucede en los hospitales federales como en los que dependen de los gobiernos estatales. Esta desinformación ocurre en la CDMX y en el resto del país. La cobertura del Seguro Popular pasó a ser un cúmulo de fallas que también alcanzan a quienes laboran en los centros de salud, quienes tendrían que saber ya cuáles son los lineamientos de operación del Insabi. A la par, y dando continuidad a lo que no debería tenerla, el año comenzó con más denuncias de falta de medicamentos para tratamientos a niños con cáncer. Aunque en la capital del país se resolvió en cuestión de días, ayer fue en Veracruz donde la escasez fue motivo de denuncias. Continuidad, justo lo que algunos programas herencia deberían tener, la cobertura de los servicios de salud, uno de ellos.

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