Trump: ¿estúpido o suicida?

RAMON ALBERTO GARZA

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Hasta el pasado 20 de enero, Donald Trump era un empresario ególatra, sabelotodo, que jamás se equivocaba, se sentía superior al resto del mundo y se creía el poseedor de la verdad absoluta.

Sus decisiones empresariales no las tenía que consultar con nadie.  Apenas eran discutibles entre un puñado de asistentes que sabían que si no le seguían la corriente, les dirían “You´re fired!” (¡Estás despedido!).

Eso debió ser un shock para Trump entrar a la Casa Blanca y asumir una presidencia en la que creía que sería el todopoderoso, para descubrir de que no podía decidir casi nada.

Todo, o casi todo, tenía que ser consultado o sometido al consenso del Congreso, con la Corte o con las instancias ejecutivas con autonomía, como la CIA y el FBI.

Sus primeras acciones fueron decretos presidenciales, que podía firmar por sus pistolas.

Pero cuando se abrieron los debates serios, los del muro con México, el Tratado de Libre Comercio, el Obama Care o las posiciones frente a Siria, Irak, Corea del Norte, sus posibles vinculaciones con Rusia, nada le salió bien.

La renuncia de su asesor en seguridad, el prosoviético Michael Flynn y la salida del FBI de James Comey, se convirtieron en el símbolo de un gobierno manejado bajo el temperamento del tweet del día. Muy poco serio.

Desde el New York Times y el Washington Post hasta Saturday Night Live, Trump se convirtió en una caricatura de presidente, un patiño de Steve Bannon, su extremista gurú de cabecera y el hazmerreir no solo de los norteamericanos, sino del mundo entero. El deporte global de moda es bullear a Trump.

Y de pronto el mandatario se vé a sí mismo en el brutal espejo de los medios para saberse vulnerable, cuestionable y criticable. Demasiado para un ego que adoptó una actitud de “no me merecen”.

El miércoles Trump lo dijo con todas sus palabras ante los cadetes de la Academia de la Guardia Costera de Estados Unidos, en New London.

“Miren cómo me han tratado últimamente, especialmente por parte de los medios de comunicación. Ningún político en la historia ha sido tratado peor o más injustamente”.

Ahora se acercó al precipicio, al filtrarle a Rusia información clasificada, recopilada por Israel, y la reveleación de que le pidió a su director del FBI ser benévolo con la investigación a Michael Flynn, el agua le llegó al cuello.

En cuatro meses de gobierno, Trump enfrenta el fantasma del impeachment. Y es inevitable la pregunta.

¿De verdad Trump es tan estúpido como las decisiones que toma? ¿Dónde está el autonombrado Gran Negociador?…

¿O sera que está provocando su propio impeachment, su suicidio politico, porque su ego es tan frágil que no toleraría tres años y medio mas de ser obligado a consultar todo lo que quiere hacer y no lo dejan?

Por eso los pronósticos apuntan a que Trump saldrá de la Casa Blanca antes de que termine el verano. Eso se dibuja al analizar el perfil de Robert Mueller, el fiscal especial que analizara el caso Rusia-Flyn-Comey.

El futuro de Trump, quien en sus primeros días como presidente humilló a los servicios de inteligencia norteamericanos, está hoy en manos de quien fuera director del FBI, en los gobiernos de Clinton y de Bush. ¿Lo cuidarán?

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