Yarrington-Duarte, Odebrecht-OHL

RAMÓN ALBERTO GARZA

En medio de las especulaciones sobre las capturas de Tomás Yarrington en Italia y Javier Duarte en Guatemala, llama la atención un supuesto.

Que sean casualidad o premeditados, ambos casos aparecen casi simultáneos y roban los reflectores de la opinión pública, en los momentos en que otros dos casos de corrupción oficial se ponen sobre la mesa: los sobornos de Odebrecht y la relación OHL-Estado de México.

Son casos que quizás por complejos son menos digeribles, pero que en el fondo son tan o más impactantes en el futuro inmediato como el Yarrington-Duarte.

En Odebrecht, estamos ante la revelación desde Brasil, publicada en la revista Veja, de que el único nombre que faltaba por identificar en la red de sobornos de la constructora carioca es el de un mexicano. Habría recibido 10.5 millones de dólares.

La novedad es que en plena Semana Santa conocemos que ese nombre es presumiblemente el de Emilio Lozoya, exdirector de Pemex que fue removido súbitamente de su cargo en junio del 2016.

Los directivos de Odebrecht lo incriminan en una petición de 5 millones de dólares, sin especificar si los pidió él o alguien lo hizo en su nombre. Pero su nombre ya está bajo investigación.

Hasta ahora, y aprovechando que por Semana Santa y Pascua la atención se distrae por las vacaciones, no se ha producido una reacción contundente a la acusación. Ni de Lozoya ni de Pemex ni de la PGR ni de la Función Pública que todavía investigan.

Pero a este escándalo, que amenaza con crecer insospechadamente, se une el de otra constructora, esta española, OHL, que está en el epicentro del debate de una ampliación de concesiones del sistema carretero del Edomex.

Las presunciones son que el gobierno de Eruviel Ávila estaría ya en la antesala de renovarle por 18 años más una de las concesiones de los circuitos y autopistas mexiquenses a OHL.

El asunto, que involucra miles de millones de pesos extras para los españoles, emerge en  momentos en los que se coloca la lupa sobre los financiamientos de las campañas mexiquenses, en especial la del priista Alfredo del Mazo.

Pero lo curioso de estos casos –Odebrecht y OHL- es que ambos intersectan en un nombre, el de Lozoya, quien antes de ser director de Pemex fue justamente miembro del Consejo de Administración de OHL.

Fue él mismo, quien no solo operó desde Pemex contratos para Odebrecht sino también para  OHL a la que sirvió como consejero.

Incluso Lozoya extendió hasta el gobierno veracruzano de Duarte sus vínculos con Odebrecht, al promover encuentros entre el encarcelado exgobernador y el presidente de la constructora, Marcelo Odebrecht. Sí, el mismo que ahora revela la lista de presuntos sobornados, entre los que se incluye Lozoya.

Por eso no hay que aislar los apellidos Yarrington y Duarte, dos exgobernadores de estados petroleros, de los nombres de Pemex, Odebrecht, OHL y Edomex. Todo luce sospechosamente interconectado.

El coctel es explosivo, sobre todo de cara a las elecciones del Edomex. Ojalá que alguien tenga ya elaborado el plan para el control de daños.

De lo contrario arderá el bosque.

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