La disputa de Duarte

RAMÓN ALBERTO GARZA

Desde hacía cuatro meses se ubicaba el Huerto de los Olivos donde Javier Duarte oraba posterior a su última cena, implorando que terminara su Viacrucis.

Con toda precisión se apuntaba a Guatemala, pero existían resistencias del Sanedrín de Los Pinos para consumar su captura y encaminarlo hacia la crucifixión.

Como modernos Pilatos, algunos integrantes del gabinete se lavaban las manos y decían que no era el momento oportuno. No con la elección de Barrabás en puerta.

Otros advertían que había que rastrearlo para ver quiénes eran los Judas que por treinta denarios apadrinaban su huida.

El hecho es que al momento en que terminó el Viacrucis, el Viernes de Dolores, dos columnas de soldados se disputaron la captura.

Venían del mismo gobierno, pero por el impacto de la encomienda, valía la pena pelear por el crédito de la captura y de quién le colocaría a Duarte la corona de espinas.

En un lado estaban las guardias pretorianas de Bucareli, los que con el beneplácito de Miguel Angel Osorio Chong, dijeron que fue la información de inteligencia del CISEN la que llevó a la ubicación del exgobernador.

En el otro lado están los gladiadores del Sanedrín, una poderosa columna lidereada desde la Procuraduría General de la República, comandada por Raúl Cervantes, con el apoyo de la Agencia de Investigación Criminal.

Por más que desde los sótanos de Bucareli se buscó diseminar la versión de que fueron ellos los gestores de la captura, al final del día la verdad se conoció.

Nada de lo que sucedió el Viernes de Dolores con Duarte se habría consumado, sin las bien planeadas estrategias del procurador Cervantes y de sus soldados Alberto Elías Beltrán y Omar García Harfush.

Es cierto que desde el CISEN se aportaron algunas pesquisas para fortalecer la ubicación, pero al final del día fueron marginales frente al control absoluto que mostraron la PGR y su Agencia de Investigación Criminal.

La peregrinación de los apóstoles familiares –los Duarte y los Macías- en un jet particular rumbo a Guatemala, acabó convertida en la escena de la entrega del Macías, el esposo. Con la variante de que los denarios fueron confiscados en el Aeropuerto de Toluca.

Pero de la detención a la crucifixión, el Viacrucis se anticipa muy largo. La Procuraduría previene que si bien les va, serán de tres a seis meses para lograr la extradición. Si tienen la ayuda de Guatemala.

Y en medio de tantas estaciones del calvario veracruzano, se interponen una de las caídas que presagian crucifixiones anticipadas: las elecciones del Edomex, Coahuila y Nayarit.

Pero el mismo Caifás que comploteó para que sus pretorianos manosearan las elecciones del 5 de junio del 2016, es el que ahora busca el mérito de la crucifixion de Duarte para adjudicarse la redención del agonizante sistema político mexicano.

No gasten sus oraciones. Lo que sucederá con Duarte tendrá su origen y destino en los dominios del procurador Cervantes. Ahi se definirá la crucifixion y el  Santo Sepulcro.

Lo demás son especulaciones electoreras de quienes buscan afianzar su débil prestigio, para rescatar una candidatura en 2018 que sienten que ya no la resucitan ni yendo a bailar, ni a Washington ni a Chalma.

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