Juan Pablo Escobar nació hace casi 40 años y es el primogénito del que fuera el mayor traficante de cocaína del mundo: Pablo Escobar Gaviria.

Habla sereno, aun cuando adelanta las revelaciones más impactantes de su segundo libro: Pablo Escobar: In fraganti, que se presenta esta semana en Argentina, el país que le dio asilo tras la muerte del narco.

Juan Pablo habla de su padre con admiración, pero no por su actividad de narcotraficante, que aborrece. “Admiro a Pablo, mi papá, el que me educó. No a Escobar, el mafioso”, afirma. Dice que a los ocho años, Escobar Gaviria le mostró todas las drogas que había en aquel momento y le dijo: “Si te da curiosidad, prefiero que consumas conmigo y no en cualquier lado”. Asegura que nunca mató a nadie y que, de haber querido, podría haber sido el sucesor del hombre fuerte del cártel de Medellín.

Cuenta cómo fueron las últimas 72 horas de su padre, cómo se obtuvo la famosa foto en la que se ve a Escobar al lado del cargamento de cocaína que probaba su actividad delictiva y de la vida de lujo y de tortura del capo colombiano.

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Juan Pablo no podrá ingresar nunca más a EU luego de su nueva publicación: “En mi libro cuento que mi padre trabajaba para la CIA vendiendo cocaína para financiar la lucha contra el comunismo en Centroamérica. Allí hay nombres como George Bush padre y otros”.

George H. W. Bush fue director de la CIA (Agencia Central de Inteligencia), en el gobierno de Richard Nixon, vicepresidente de Ronald Reagan (1981-1989) y mandatario entre 1989 y 1993.

A la pregunta del periodista brasileño Julio María sobre una cita de su libro anterior en la que menciona a Frank Sinatra como si se tratase de un contacto de su padre, Escobar junior asegura en forma rotunda que era “uno de los socios” de su padre en Miami. “Le puedo decir que era mejor distribuidor de cocaína que cantante. Hay más cantantes de lo que usted imagina que comenzaron sus carreras gracias al patrocinio de los narcotraficantes”, añadió.

Con respecto a la serie Narcos que emite Netflix, Escobar dice: “Debería incluir capítulos para mostrar cómo la agencia antidrogas de EU cobraba impuestos de mi padre para permitir que la cocaína entrase en el país”. “Lo que se descubre con mi libro es que mi padre estaba trabajando para la CIA, vendiendo cocaína para que ellos pudieran financiar su lucha anticomunista en toda Centroamérica. Esto ubica a mi padre en una historia en donde algunas cosas empiezan a encajar”, sostiene. Y explica: “El negocio del narcotráfico es muy diferente a lo que soñamos. Lo que hacía la CIA era comprar los controles para que entrase la droga a su país y obtener un maravilloso negocio”.

El hijo del “Patrón” reconstruyó las horas previas a la muerte de Escobar, ocurrida el 5 de diciembre de 1993 en el occidente de Medellín. “Las últimas 72 horas de mi padre me impactaron mucho. Perdió los estribos, su amor por él mismo. Venía de haber arrasado media Colombia con su violencia y él mismo levantó el teléfono para que su llamada fuera identificada y lo encontraran. Mi padre fue un engranaje del gran negocio del narcotráfico universal. Cuando ya no les sirvió, lo mandaron matar”.

En 1994, Juan Pablo decidió exiliarse y elegir otra identidad para sobrellevar el peso del apellido de uno de los narcotraficantes más famosos de la historia. Desde entonces Juan Pablo Escobar es Juan Sebastián Santos Marroquín.

Marroquín pidió perdón a las víctimas de la violencia de su padre. Actualmente es arquitecto y vive en Buenos Aires junto a su mujer, su madre y su hermana.

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