Ex empleada de Padrés, de la tortura a vendedora de empanadas

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Hermosillo.- Después de ser golpeada, torturada y encarcelada injustamente por más de cuatro años, la ex empleada de Guillermo Padrés Elías, ha logrado rehacer su vida. Hoy en día, se dedica a vender empanaditas.

 

“Siento que ya vivo bien. Tenía que salir adelante por mí, por m familia. Hoy trabajo desde casa y hago empanadas para vender”, declaró Gisela Peraza Villa en entrevista con La Silla Rota.

 

Sin embargo, este proceso no fue fácil para la ex empleada doméstica, quien asistió a la familia Padrés Dagnino por más de nueve años. Rehacer su vida no fue sencillo; no después de todo lo que vivió.

 

Fue el 13 de marzo del 2011, cuando el ex mandatario de Sonora y su esposa Iveth Dagnino, acusaron a Gisela, así como al también empleado y entonces pareja sentimental, Roberto Munro Varela, de robar 450 mil pesos en efectivo y 250 mil en joyas, de la Casa de Gobierno, donde vivían desde el 2009, tras ganar la gubernatura.

 

Ese mismo día, fue privada de su libertad y encerrada en su habitación por más de 8 horas. Los guardaespaldas del gobernador panista la ataron, la golpearon y la torturaron, con el fin de que confesara el delito.

 

Después, fue llevada ante las autoridades judiciales, quienes, sin contar con las pruebas, sentenciaron a Gisela Peraza a cuatro años de prisión, por lo que fue internada a al Centro de Readaptación Social #1, en Hermosillo.

Durante su tiempo en prisión, los agravios continuaron. En ocasiones, la ‘mandaban’ golpear con internas y la trasladaban constantemente a otros municipios como Huatabampo y San Luis Río Colorado, para mantenerla lejos de su familia.

“Todos los días me acostaba pensando a dónde me trasladarían ahora. Siempre viví con ese miedo, porque sí sentía miedo”, relató.

 

Ella y su familia buscaron apoyo a la Comisión de Derechos Humanos, a las instancias judiciales; interpusieron amparos, pero nadie los escuchó. Así pasaron cuatro años.

 

En junio del 2015, terminaba la condena de Gisela Peraza. Su rostro estaba a punto de ver la libertad, pero alguien plantó droga en su litera: Padrés seguía como gobernador.

 

Por esta razón, su familia, desde fuera, reinició la lucha; salieron a las calles y exigieron su libertad. Era pleno proceso electoral en Sonora y la imagen del ex gobernador panista ya estaba por los suelos, acusado de actos de corrupción.

 

El 8 de junio del 2015, un día después de las elecciones, donde ganó la priista y actual mandataria, Claudia Pavlovich, Gisela Peraza fue liberada al fin.

 

“Ese día, todos me decían que ya iba  a salir, pero yo estaba con miedo de que no iba a ser así, por lo que había pasado antes. La verdad no me esperaba una salida así”, manifestó la ex empleada de Padrés.

 

“No podía salir de mi casa sola, tenía temor”

Una vez fuera de la cárcel, la vida de Gisela Peraza no fue sencilla. Durante los primeros meses, no salía sola de su casa, veía unidades de la policía por las calles y tenía temor a ser encarcelada de nuevo.

 

Por esta razón, obtuvo apoyo psicológico por un tiempo, con el fin de lograr superar sus temores y rehacer su vida, después de los cuatro años de angustia.

 

“Sí llevé apoyo psicológico al principio. Me daba mucho miedo salir de mi casa, veía patrullas y me asustaba. Pero llegó un momento en el que dije: ya estoy libre, no me va a pasar nada, tengo que salir adelante por mí; y ya ando sola en la calle y vivo mi vida normal”, expresó Gisela.

 

A pesar de haber dejado atrás el dolor, aún llegan recuerdos a su mente cuando acude a los citatorios o sigue los trámites de la denuncia interpuesta ante la Procuraduría General de Justicia de Sonora, contra más de 20 ex funcionarios, entre ellos Guillermo Padrés, por su tortura y encarcelamiento.

“Sentimientos encontrados, al ver a Padrés en la cárcel”

Las imágenes del ex gobernador sonorense en el reclusorio oriente, con la cara demacrada, le provocaron lástima a Gisela, pero a la vez gusto por ver a la justicia llegar.

 

“No voy a negar que sí me dio lástima, pero a la vez medio gusto. Nunca me iba a imaginar que pisaría la cárcel. Me imagino que ya sabe un poquito de lo que yo sentí cuando me encarcelaron”, afirmó.

 

Peraza Villa comenzó como su ama de llaves en 2002, cuando Guillermo Padrés aún no era gobernador; cuando no poseían poder, ni grandes propiedades. Los vio crecer y enriquecerse.

 

De los nueve años que trabajó con la familia Padrés Dagnino, no tiene ningún mal recuerdo. Ella vivía tranquila y a gusto, al cuidado de los hijos de la familia, Guillermo, Jaime, Erick y Nicole; así como de los quehaceres del hogar.

 

Fue hasta ese 13 de marzo del 2011, cuando su vida cambió y esas personas a las que apreciaba, se habían convertido en sus principales enemigos.

 

“Yo viví muy a gusto con ellos, tengo muy buenos recuerdos de ellos, hasta que pasó eso. Me da lástima por los muchachos, por el que está encerrado y el otro que también tiene problemas. Pero yo creo que sabían lo que hacía su papá, porque no tenían tanto dinero antes”, subrayó.

 

“La lucha continúa contra mis agresores”

Con el apoyo del abogado Juan Antonio Ortega, quien la ha defendido cuando nadie más lo hizo, lleva el proceso de demanda contra 20 ex funcionarios que participaron en su tortura y privación de la libertad.

 

Entre ellos se encuentra el ex gobernador Guillermo Padrés, el ex secretario particular y ahora diputado federal, Agustín Rodríguez, el ex jefe de escoltas, Fernando Fernández Portillo; el mismo presidente de la Comisión Estatal de Derechos Humanos, Raúl Ramírez, entre otros.

 

“Sigo buscando la justicia, a como veo, sé que es algo difícil, ya pasó más de un año desde la denuncia, pero vamos a seguir en la lucha”, sentenció.

 

Hoy en día, Gisela, de 32 años de edad, vive con su mamá y su hermana menor, quienes le ayudan a preparar las empanadas de jamoncillo, calabaza, cajeta y otras variedades, para venderlas en abarrotes y entre los vecinos.

 

“Me  levanto. Voy y dejo a mi hermana y mi mamá al trabajo. Regreso a la casa y me alisto, y me pongo a hacer las empanadas. Las vendo en las tiendas, con vecinos. ya en las tardes ayudo a hacer la comida y después descanso, convivo con mi familia, llevo una vida tranquila”, finalizó. (Marlene Valero/La Silla Rota)

 

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