Estamos en la antesala de las definiciones electorales, de las mujeres y hombres que los partidos mandarán a la guerra en las elecciones de 2018. Seguramente la clase gobernante y los actores políticos preparan lo mejor de su repertorio para mostrar su mejor rostro a la gente. Seducir es la palabra clave en este negocio. Y en el escenario no podrá faltar la siempre necesaria participación de los hombres del dinero, los mecenas de las campañas políticas.

La mejor lección que se puede asimilar en este entretenido arte de la política se puede observar en la tercera parte de la famosa zaga de películas de El Padrino. No es la mejor de Francis Ford Coppola, pero resulta entretenida. En esa cinta de mafiosos se define en forma cruda pero inteligente la simbiosis política-negocios.

La película muestra, a juicio de los cineastas, la forma de operar de la mafia y sus ramificaciones legales y extralegales, cuando un alto directivo del corporativo mundial que dejaba millones de dólares a sus socios, ilustraba a su interlocutor, un tipo acostumbrado a resolver diferencias a punta de pistola: La operación financiera en los negocios es el arma de fuego. Y la política dicta el momento en que se debe jalar del gatillo.

Mejor referente no se puede encontrar.

Los negocios se hicieron y se están haciendo.

Otros se preparan en forma acelerada.

Ya vimos algunas veces en que el dedo jaló del gatillo.

Pero debemos prepararnos para ver los mejores disparos, los más efectivos, los mortales.

 

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