Caprichito del Maloro: Suilo será Comisario de Policía

José Luis Parra

Parece una broma del Día de Los Santos Inocentes, pero no lo es. Simplemente es un capricho más del Maloro Acosta: Jorge Andrés Suilo Orozco renuncia a la Secretaría del Ayuntamiento de Hermosillo para convertirse en el nuevo Comisario de Policía.

La noticia es semioficial. Dicen que el lunes hay sesión de cabildo para avalar este nombramiento.

El caprichito del alcalde se registra cuando Hermosillo vive la peor crisis de inseguridad de los últimos tiempos.

¿Acaso Suilo es el nuevo Rudolph Giuliani de Hermosillo y todos lo desconocíamos, menos El Maloro?

Y la principal pregunta que flota en el aire: ¿Suilo ya pasó los exámenes de control y confianza para ocupar el puesto?

Difícil, muy difícil.

Todo hace suponer que este indispensable requisito se lo pasarán por el arco del triunfo.

El punto es que este funcionario, familiar directo de aquel doctor Suilo, “El Espantacigüeñas”, seguramente no llena ningún requisito para ser jefe de policía.

Lo avala el alcalde, cierto, ¿pero lo avalará la gobernadora, el fiscal, el secretario de seguridad pública y el cabildo?

La raza amarga simplemente se hace la pregunta: ¿E$tará tan crítica la $ituación?

¿E$tarán muy de$e$perado$?

En círculos políticos, y sobre todo entre los regidores, saben que el alcalde en turno tiene dos cajas chicas: Agua de Hermosillo y la policía.

De allí sale dinero fresco para salir al paso a los compromisos financieros sin necesidad de trámites presupuestales engorrosos o créditos bancarios.

Hace días Suilo declaró a la prensa que tenía aspiraciones políticas para el 2018.

Esto nos hace suponer que la policía es un buen trampolín político o quizá, insistimos, Suilo es un Giuliani en potencia.

Bueno, si Suilo es la encarnación del autor de la famosa tolerancia cero en Nueva York, el fiscal Montes de Oca es un Miami Vice y El Conito un James Bond. Mientras, los criminales agarrando curas.

El doble oficio, poco ético pero productivo

En los buenos años del padrecismo, uno de los principales funcionarios del entonces gobernador Guillermo Padrés convocó en la parte central de Palacio a todas sus orejas que le transmitían información de todo tipo que recogían de las calles, cafés y reuniones. Un amigo que tenía un asunto por ese lugar entró al edificio sin saber de esa convocatoria. Y se sorprendió al ver entre la concurrencia al periodista Gilberto Armenta, El Mensajero, que así hacía valer su apodo. Sobre todo con su doble función, al estilo de los dobles espías: Escribir, escuchar y transmitir para el poder.

¿Seguirá con esa doble función el buen amigo Gilberto, ya en el gobierno de Claudia?

 

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