Claudia Pavlovich y los integrantes de su gabinete batallan para cruzar la primera aduana del sexenio. Ya tienen rato en el cruce sin poder avanzar. Quieren pero no pueden. La percepción ciudadana es que no terminan de asimilar la primera gran tarea: La administración del poder.

Nadie les dijo que gobernar sería fácil. Y menos recibieron un curso express sobre la complejidad de la administración del poder.

La primera lección que debieron recibir es que todos los que llegan a gobernar muestran un gran respeto por la administración del poder.

¿Por qué?

Sencillo, porque el poder es como un explosivo: O se maneja con cuidado o estalla.

Esta pudiera ser una de las razones por las que el clima social en Sonora se siente enrarecido. Ahorita es como una guerra de guerrillas. Pero al parecer vemos la avanzada de guerras encarnizadas, sangrientas. Un negro presagio de la gran guerra electoral de 2018.

Algunos funcionarios muestran en sus rostros las quemaduras dejadas por ese explosivo llamado poder. No supieron manejarlo adecuadamente y les explotó en plena cara.

¿Aprendieron?

Quién sabe.

Pero el gobierno no es para aprendices.

Los sonorenses ya tuvieron bastante de esta medicina en el anterior sexenio.

El ejercicio de gobierno, visto en forma práctica, se divide en tres etapas trabajadas por los mejores hombres y mujeres del partido en el poder: Planeadores, ejecutores y finalmente vienen los cerradores.

Terminó el tiempo para los planeadores.

Y aún no se ven los ejecutores.

Los cerradores son los que tienen la importante tarea de limpiar todo lo sucio que dejaron sus antecesores. Para eso falta mucho.

Lo que se necesita en estos momentos son ejecutores.

Que trabajen por el bien mayor que representa un buen gobierno.

No por sus ambiciones políticas e intereses personales.

Claudia está a tiempo de rectificar.

Para que no se repita la vieja película: Mi debilidad son mis amigos.

A cambiar lo que no funciona.

Así de fácil.

Así de sencillo.

Además, Claudia debe tener muy bien presente una vieja sentencia: “La crisis se produce cuando lo viejo no acaba de morir y cuando lo nuevo no acaba de nacer”.

Lo nuevo no nace.

Y lo viejo está renaciendo.

El camino está lleno de obstáculos. Se camina sobre terreno minado y con arenas movedizas.

En el trayecto Claudia tendrá que demostrar temple y templanza.

En cierta ocasión, la hoy gobernadora comentaba a este reportero: “A veces dicen que mi principal virtud es la perseverancia y mi mayor defecto la terquedad”.

Esa virtud y ese supuesto defecto tendrán que renacer.

Por bien de Claudia.

Por bien de Sonora.

 

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